archivo

Archivos Mensuales: octubre 2013

Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra, el pueblo al aplaudirlo le decía: Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz y el cómico reía.

No creo que llegue el día que me atreva ir a una sabatina a ver al payaso, a menos que el mismo Garrick se levante de su tumba.

Alguien decía que el pueblo sufre y del sufrimiento ejerce una reacción de lucha de búsqueda, de inventiva; recordemos la historia y los pueblos más afectados por la guerra y la persecución son los que más han surgido sin necesidad de verle la sonrisa hipócrita a un payaso que todos los sábados le miente al pueblo con premeditación y alevosía.

Alemania, Polonia, Italia, Francia, etc. fueron destruidos hasta los escombros, los judíos han sido una sociedad perseguida por mas de dos mil años y solamente tienen un pequeño espacio de terreno desde hace 60 años. Como muestra, hoy por hoy sin necesidad de ser una sociedad perfecta, son países que en un relativo corto tiempo se han constituido en el primer mundo; pero no a base de escuchar payasadas los sábados, o domingos; se hicieron a base de trabajo, de organización, de producción, de generación de riqueza.

El Ecuador en particular es un país privilegiado, sus recursos naturales son infinitos, su geología, topografía, situación geográfica con respecto al sol es inmejorable, sus condiciones climáticas no son extremas, tenemos todas las características de un país que debería estar en procesos de desarrollos cultural, económico y social mucho más elevado de lo que en la actualidad tenemos.

No se si responsabilizar a los políticos que como Garrick y su discurso de Santo Precursor mantiene una impávida y sumisa actitud sonriente en sus oyentes, quien se ha convertido en un inquisidor mediático y legal; o a los impávidos oyentes que en lugar de organizarse en pequeñas estructuras productivas, llámense Cooperativas, Pymes, Kibutz, Asociaciones; pero el hecho es generar riqueza, trabajo a base de un esfuerzo si lo quieren llamar mancomunado, pero no le crean al Estado ni busquen recibir regalías u obsequios o bonos de quien es el peor administrador de la riqueza y a la larga termina en la destrucción parcial y total de la económica.

A ver mis estimados, no confundamos chicha con limonada, o como se dice en otras latitudes, la velocidad con el tocino. Si de tradiciones se trata, los ecuatorianos las tenemos, y bien arraigadas; de eso va el ritual social (y de origen religioso católico) de reunirnos a comer guaguas de pan y tomar colada morada, aunque ya muchos no vayamos de visita al cementerio el 2 de noviembre. El Halloween, aunque pervertido por el consumismo que todo lo toca, es una tradición también, importada, sí, pero de raíces antiquísimas, precristianas (celta irlandesa, para ser exacto). Esto tiene el contacto entre civilizaciones y culturas, hoy llamado globalización: nos llegan, y mandamos, usos y costumbres de todo lado. Si el chauvinismo parroquiano les hace blasfemar contra estas imposiciones extranjeras, háganme el favor de ser consecuentes y decirme desde qué año, para adelante y para atrás, son aceptables las influencias extranjeras, lo cual termina siendo, por supuesto, una imposición subjetiva: porque si tanto les quita el sueño una calabaza con dulces, empiecen a guardar el árbol de Navidad, dejarán las hamburguesas, las pizzas, las gorritas al revés y un larguísimo etcétera. Sí, aquí, sí hay tradiciones, pero también somos parte de un mundo cambiante, donde se entrecruzan y enriquecen las culturas respectivas. Así que con su permiso, tomaré mi colada morada y comeré mi guagua de pan disfrazado de Peter Pan si me da la gana.
Eso, por un lado. Pero si me piden que sufra por el escudo nacional, lo lamento. Una cosa es el amor al país, a sus tradiciones, y otra muy distinta es pedir fidelidad y buscar identidad en un símbolo del Estado. El 31 de octubre se recuerda que Eloy Alfaro firmó un decreto normando su diseño, nada más. Gracias, pero tengo cosas más importantes en las cuales basar mi identidad personal y colectiva. Cuando decida que me define como ecuatoriano una parroquiana obsesión con un decreto ejecutivo, aceptaré que el Estado es dueño de la identidad y de la historia. Y eso, eso no lo haré.
Dicho esto, ¿Qué mismo con el Jalowín? Contarán si se disfrazan, que nadie dejará de ser ecuatoriano por hacerlo.

Imagen

Gabriela está embarazada de su padrastro. Ella pidió no ser mencionada por su nombre original así que para los fines que nos ocupan su nombre es Gabriela. Ella nació en el mes de diciembre de 1999 y en su partida figura como lugar de nacimiento la maternidad de Chillogallo en Ecuador. 

Luego de algunos años de maltrato el padre de Gabriela abandonó a su madre y a sus tres hermanas. Gabriela y sus hermanas no pudieron terminar la escuela primaria y hoy se dedican a limpiar baños en locales comerciales o de asistentes de cocina en un comedor. Paola, su hermana de 16 años tiene, ya dos hijos de 3 y 2 años. Por la situación de pobreza en la que su familia vive Gabriela comparte el colchón con su madre y su padrastro. Esta situación se repite en muchas familias ecuatorianas.

Cuenta la historia que una noche su padrastro llegó con algunas botellas de más a dormir a casa y mientras dormía hizo que Gabriela tocara sus genitales mientras su madre salió a trabajar. Lo que ocurrió después quedará sólo para las cifras de estadísticas que nunca conoceremos.  

Al cabo de pocas semanas Gabriela contó que estaba embarazada de su “novio” y su abuela  – quien nunca aprobó la nueva relación de su hija – presentó una denuncia en contra del padrastro de Gabriela. ¿Qué opciones tiene Gabriela en el medio en el que vive?

Alejémonos por un momento del acalorado debate legal/político/sociológico/psicológico/moral y de los anuncios en los medios de prensa y de las marchas y manifestaciones y de las conferencias por la vida y por los derechos de la mujer y de la opinión de la Iglesia y de todo aquello que termina por ofuscarnos y obnubilar nuestras más recónditas posturas y pensemos en el ser humano.

Si, pensemos no sólo en ese ser humano que está por nacer y cuya vida se ha engendrado sin tener la culpa de lo que ocurrió entre sus progenitores y que merece todo aquello que muchos conocemos como una vida plena. 

En los acalorados debates políticos y académicos mucho se menciona la vida del no nacido – y no es para menos – pero pocas veces se habla de la vida de quien lo gesta durante nueve meses. Poco se habla de su voluntad, casi nada se refiere de qué opciones tiene, es escaso lo que se dice respecto de su dignidad y no se menciona siquiera sobre su plan de vida.

Gabriela es esa mujer, quien más allá de tener derechos -que distintos cuerpos normativos los quitan, los ponen y los restringen a discreción-, es humana. Hay algo inherente a lo humano sin importar su sexo, raza o edad: su dignidad. Ese intangible que afortunadamente es innato a la calidad propia de ser humano y no viene anclado por ninguna legislación. 

Gabriela es esa mujer a quien se pretende revictimizar, señalar con el dedo y tachar de “abortista” o “feminista” – como si cualquiera de los dos calificativos fuesen insultos. Esa mujer, esa persona, ese ser humano ¡también tiene vida!, también siente, también disiente, también opina pero sobre todo también decide. La procreación que deviene en la maternidad no sólo es un acto biológico sino que es un acto de conciencia y de voluntad no de imposición.

Separémonos un momento del debate jurídico sobre la eficacia o no de sancionar el aborto pero abstengámonos de absurdamente compararlo con el asesinato como si de comparar peras con manzanas se tratase.

Desde una visión extrema se piensa e incluso se asevera que el no sancionar el aborto es equivalente a no sancionar el asesinato. Es indiscutible el hecho de que para comparar las dos conductas debemos de analizar conductas similares; pero en este caso se trata de procesos psicológicos muy distintos los que se encuentran detrás de estos tipos penales. 

La persona que asesina a otra tiene – en la mayoría de casos – perturbaciones piscológicas, la mujer que aborta se encuentra – en la mayoría de los casos – en situaciones de extrema pobreza, necesidad, ignorancia, angustia y desesperación. Un asesinato ocurre en segundos – basta con apretar un gatillo que incluso en muchos casos puede ser instintivo-. Un aborto implica un proceso emocional muy fuerte y una vez tomada la decisión una mujer debe acudir a la parte trasera de un restaurante y cruzar los dedos para no desangrarse en una mesa. Si al asesino se le pide que no lo haga lo más seguro es que lleve a cabo su acometido. Si a la mujer que quiere abortar se le da opciones es probable que no aborte – o que al final sí lo haga pero en condiciones humanas -. Pero la sociedad obliga a este ser humano a “asumir la responsabilidad de sus actos” – que nunca le fueron propios porque fue forzada y le impone un hijo a su proyecto de vida. 

La sociedad no le brinda opciones a Gabriela, esta mujer que es humana y que tiene dignidad por ser humana. No sólo que es muy probable que Gabriela no vuelva a gozar de una vida sexual placentera y saludable porque fue forzada a ser madre producto de una relación sexual violenta y no deseada sino que a su vez un conglomerado de personas que dice llamarse el soberano le impone una moral ajena al útero, al hijo y al plan de vida de Gabriela. 

La sociedad, con un puñal en una mano y con un dedo que señala a Gabriela en la otra, la acorrala contra la pared sin opciones seguras y a su alcance. La “píldora del día después” es un tabu y se consigue en pocas farmacias – en los casos en los que es efectiva -, la adopción es un proceso largo, tedioso, burocrático y bastante doloroso – más aún para una Gabriela que fue violada -, y la más dura de todas un aborto no seguro cual vaca en carnicería. 

No me confundan, no con este texto me proclamo “abortista”, “feminista”, “machona” ni ninguno de esos calificativos absurdos que ahora acostumbran llamar a los hombres y mujeres que decidimos pensar fuera de la caja y mirar al ser humano que hay detrás de cada decisión política y ver la realidad. El Derecho nació para ajustarse a la sociedad, no la sociedad al Derecho. 

Ambas concepciones frente al aborto se consideran legítimas y válidas y ninguna debe ser descalificada como ¨inmoral¨ únicamente porque no se la comparta. Lo que no es dable es que cualquiera de estas posiciones sean absurdamente incrustradas en la legislación de un país como pretenden distintos grupos de lado y lado a fin de imponer su moral a toda una población. A veces las democracias son peligrosas. Un periodista hace poco dijo “Cuando veo lo que pasa, no perdono a los griegos el invento de la democracia, 100 fulano(a)s saltan por encima de las mujeres” y no podría estar más de acuerdo. Indiscutiblemente son cosas tan personales y delicadas que estoy segura que el Estado, la legislación y los asambleístas no pueden dimensionar ni decidir por otros. 

Sólo quise ponerme por un instante en los zapatos de ese ser humano que es Gabriela quien también es de carne y hueso y que hoy es revictimizado. Ayer, mientras caminaba a clases, pensaba como hasta hace relativamente poco tiempo conceptos como la esclavitud y el trabajo forzado han sufrido positivos cambios en la mentalidad de los individuos y hoy concebirlos como dables es inaceptable. Pensaba también si algún día le pondremos un rostro humano a este tema también y estos episodios como el de Gabriela únicamente constarán en los libros de historia que nuestros hijos estudiarán. 

 

@anitacebelinco 

Los marxistas sostuvieron que la cultura (valores, costumbres, relaciones sociales) a lo que llamaron superestructura era el resultado de las relaciones de producción (infraestructura). Si no existe propiedad privada y el Estado controla la producción con planificación centralizada, entonces los elementos culturales no serían los de la clase dominante. Antropólogos advirtieron, sin embargo, que la cultura de una sociedad incide en la personalidad y en los valores de sus integrantes, en “la educación y la percepción del carácter relativo de lo que es normal o corriente”. Los culturalistas afirman que cada sociedad se entiende por esas expresiones, sin alusión a elementos geográficos o genéticos.  

La cultura, para los marxistas, debía cambiar si cambian las relaciones de producción. Es decir, la subjetividad de la sociedad moldeada según objetivamente se organiza. ¿La economía define como la gente se comporta o según sus valores o estos son los que definen como funciona la economía en una sociedad? Los marxistas ya delinearon la respuesta.  

  • Porque en lugar de amigos, estaba lleno de un montón de personas que sólo decían serlo.
  • Porque en lugar de conversaciones que aporten con aprendizaje, conocimiento, reflexión u opinión, me encontré con una sala de chismes, ataques, fanatismos, y una exagerada e infructuosa competencia por parecer el más inteligente, importante, cool y astuto de la comunidad.
  • Porque había momentos en que yo mismo me veía convirtiéndome en otro más de los mencionados en el punto anterior.
  • Porque en cada uno de sus comentarios, personas que antes me parecían inteligentes y respetables, poco a poco iban revelando su ignorancia e incapacidad de opinar por sí mismos, sino en nombre de algún ismo, formulado por algún otro que les tiene hipnotizados y adoctrinados.
  •  Porque para algunas personas, opinar algo diferente,  era un ataque personal del cual tenían que defenderse agresivamente y encima sin dar la cara ni responsabilizarse de sus comentarios.
  • Porque todo esto empezó a acentuar mi hastío hacia el pensamiento colectivo en Quito y en nuestro país.
  • Porque empecé a sentir que estaba perdiendo el tiempo, existiendo de manera virtual, en un lugar que lo más parecido en el mundo físico sería la típica reunión cargosa de la cual uno quiere salir corriendo y no volver a ser invitado jamás.
  • Porque a pesar de que ya no disfrutaba leer y escribir en ese lugar, algo muy morboso en mí me hacía seguir permaneciendo, como si fuera alguna secta de la cual uno no puede deslindarse.

Por todo esto y por mucho más, decidí ejercer mi libertad y cancelar mi cuenta personal, haciendo click en los innumerables pasos que facebook te va señalando cuando quieres cancelar la cuenta, para que desistas de tu decisión y te vayas sintiendo un ser marginal que si decide irse de ahí habrá perdido contacto con todo el cariño, el amor, la atención, el acompañamiento, el apoyo y los cuidados de todo ese montón de gente que se han ido convirtiendo en tus inseparables amigos.

Por suerte tengo buen entrenamiento en decir NO, sobre todo a pastores, líderes de sectas, movimientos religiosos, salvadores del mundo y similares. Ahora respiro más profundo, camino más ligero y disfruto de escribir en otros espacios que sí son verdaderamente constructivos e interesantes.

Y cuando quiero conversar con mis amigos, me basta con llamar a alguno de mis panas e irme a almorzar o tomar un café con ellos, eso sí nunca nos hemos escrito por Facebook.

Psic. Esteban Prado Saona.

@tulaberinto. Read More

Muchas veces me han preguntado cuáles son los libros que más me han impactado. Hacer una lista siempre es muy subjetivo y, creo yo, demasiado personal porque no todos compartimos los mismos gustos e intereses. De hecho, las lecturas que logran atraparme casi nunca coinciden con los escritores de moda o con los recomendados por la crítica especializada. Usualmente me llaman la atención la novela histórica y testimonial, pero si sólo tuviera que recomendar un libro, ese sería sin duda “El Sentido Común” de Thomas Paine.

"El Sentido común"

“El Sentido común”

Este, considero yo, es un libro que todo el mundo debería leer, el que todos los padres deberían regalar a sus hijos en cuanto estos empiezan a razonar. Aunque fue escrito hace más de dos siglos, nunca ha perdido su vigencia porque es una crítica a los gobiernos hereditarios y autoritarios.  Su mayor enseñanza es que todos nacemos libres e iguales y que no somos siervos ni vasallos de ningún rey, algo que aunque parezca raro, muy a menudo se nos olvida.

La historia de este libro es muy singular. Es más, ni siquiera es un libro, es un folleto, un panfleto que fue escrito en 1776 por un inmigrante inglés, dirigido a los habitantes de Las Trece Colonias americanas que luchaban por independizarse de la Gran Bretaña. En nuestros días es lo que nosotros llamaríamos un best seller, ya que en su primer año se vendieron más de 500.000 copias, curiosamente un gran porcentaje de ellas, no en América sino en Francia y Gran Bretaña. Dada su abrumadora acogida, no fueron suficientes sus primeras 25 ediciones por lo que era muy común encontrar resúmenes del folleto escritos a mano circulando por las colonias.

Las 13 colonias inglesas en 1776

Las 13 colonias inglesas en 1776

La importancia de este libro, radica en que fue el primer argumento razonado en favor de la Revolución Americana. Las ideas de Paine son tan contundentes que prácticamente de la noche a la mañana este folleto convenció a los colonos de que solo la independencia les aseguraría el goce de derecho de libertades.

“La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario.”

“Cuando el mundo fue invadido por la tiranía, la menor reforma se convertía en una gloriosa conquista. “

“Los gobiernos absolutos (a pesar de ser una desgracia para la naturaleza humana) tienen esa ventaja: que son simples; si el pueblo sufre, saben la causa del sufrimiento, conocen así mismo el remedio general, por eso no se molestan en proveer otras curas y remedios necesarios.”

Thomas Paine, nace en Thetford (Inglaterra), en el año 1737, hijo de un corsetero cuáquero y su mujer anglicana. Durante los primeros años, recibe escasa educación, aunque asiste a la escuela local hasta los 13 años, edad en la que comienza a ganarse la vida por su cuenta.

Trabajó en diversos oficios, sin mayor fortuna, desde hacer manufacturas textiles hasta perseguir contrabandistas. Su ilustración fue autónoma y singular, sin maestros, ni universidades.

Thomas Paine

Thomas Paine

Por casualidad conoció a Benjamín Franklin en Inglaterra, y este lo convenció de las oportunidades que podían surgir en una sociedad nueva como la norteamericana, para alguien con inquietudes como él, por lo que decide embarcarse en su aventura de ultramar, arribando a Filadelfia en 1774, cuando tenía poco más de cuarenta años.

Para salir adelante, y gracias a las recomendaciones del inventor del pararrayos, se establece como redactor exclusivo (aunque eso sí, con numerosos seudónimos), del Pennsylvania Magazine or American Museum, uno de los primeros periódicos de las colonias.

Thomas Paine, es quizás, el más grande teórico político que ha parido la humanidad. El creía firmemente que los colonos americanos tenían en sus manos la posibilidad de volver a empezar de nuevo la historia del mundo, sin necesidad de copiar los modelos de gobierno europeos de la época, modelos que, a la vista estaba, siempre se caracterizaron por ser tiránicos y corruptos.

Durante la guerra de independencia “1776-1783”, Paine se alisto como voluntario en el Ejercito Continental, combatiendo bajo las ordenes de George Washington.

Para cuando la guerra concluyó, Paine era el hombre más leído de Occidente, y seguía sin un penique. Siempre le pareció incorrecto cobrar derechos de autor que encareciesen el precio de los panfletos y entorpecieran así la difusión de su pensamiento.

En 1787, Paine regresó por un tiempo a Inglaterra. El propósito inicial era recaudar fondos para un puente en Pensilvania diseñado por él, pero el estallido de la Revolución Francesa le hizo sentirse profundamente implicado y fue a parís. En 1791 publico “Los Derechos del hombre”, obra en la que defendía la revolución europea, pero más que una férrea defensa, se trataba de un profundo análisis de las verdaderas raíces del descontento en Europa: los gobiernos arbitrarios, la pobreza, el analfabetismo y la guerra. El libro fue prohibido en Inglaterra porque era antimonárquico. De hecho, Thomas Paine estuvo a punto de ser detenido por sedicioso cuando viajaba hacia Francia, donde había sido elegido diputado en la Convención Nacional. Ahí, en cambio, fue encarcelado por Robesepierre en 1793, acusado de haber votado contra la ejecución del rey destronado Luis XVI.

Tras ser liberado se quedó en Francia hasta 1802, año en que retorno a América, luego de aceptar la invitación de regresar que le hizo el presidente Thomas Jefferson. Este admiraba a Paine, con el que había mantenido una estrecha relación cuando Jefferson fue embajador de los Estados Unidos en París.

Su regreso fue algo que lo decepcionó. Siguió escribiendo críticamente contra la doble moral puritana, contra los demócratas y contra la religión, lo que le hizo perder amigos y ganar enemigos. Murió en la ciudad de Nueva Cork, el 8 de Junio 1809. Sin duda fue un adelantado para su época.

El libro lo pueden leer aquí. A quienes no lo hayan hecho, les prometo un cambio de paradigmas, una nueva forma de entender las revoluciones y la historia.

“La Historia los juzgará” es para mí, una de las frases más cobardes que rondan por ahí.
– Dictadores.
– La historia los juzgará.
– Aprueban el #COIP.
– La historia las juzgará.
¿Qué nos sucede? Juzguémoslos nosotros, hagamos algo para que no sea a nosotros a quienes la historia juzgue, por no movernos, por quedarnos impávidos ante los abusos, contra los ataques a la libertad, por mantenernos callados en los momentos difíciles.
Nos gobierna un hombre que se dice socialista, legisla (porque es él quien lo hace, seamos honestos), con la Biblia en la mano mientras toma decisiones con el hígado, vivimos en un estado laico, ser católico, practicante o no, eso es algo muy personal de cada uno, no tiene por qué influir en las decisiones legislativas de un país, recordemos que fue con la premisa del Estado laico que se retiró las imágenes religiosas de los Hospitales públicos y que más de una vez ha tenido diferencias con la Iglesia Católica.
Ser un hombre católico y heterosexual no es un pecado, señor Presidente, ero si lo es, querer imponer sus visiones del mundo y conceptos morales a otros por ostentar esta calidad.
No dejemos entonces que la historia nos juzgue por no hacer respetar los derechos individuales, la libertad de cada uno a elegir en qué cree y en que no, cómo mantiene su cuerpo y como no, porque si empezamos a dejar que otros decidan sobre nuestra forma de pensar y sobre nuestro cuerpo, entonces sí y con mucho derecho, que la historia nos juzgue y más aún, nos condene.

A %d blogueros les gusta esto: