Las dos Ilustraciones

En el mensaje de bienvenida del blog hice una referencia a la tensión entre dos racionalismos, el cartesiano (Descartes) y el humeano (Hume). Ambos pensadores fueron icónicos en la Ilustración Escocesa y la Ilustración Francesa, respectivamente. Ambas suelen ser agrupadas como si hubiera una Ilustración. En realidad y como explican pensadores como el americano Thomas Sowell y los austríacos Erik von Kuehnelt-Leddihn y F.A. Hayek, hay dos -y no una- Ilustraciones. Sus productos, la Revolución Americana y la Revolución Francesa son la más clara muestra de eso y no son siamesas sino inicio de rutas radicalmente distintas para una serie de países inspirados en ellas, respectivamente.

El racionalismo cartesiano concibe la razón como ilimitada y por tanto es constructivista. El racionalismo humeano le asigna un rol limitado y tiene una tendencia empirista. Se trata de dos posturas sobre el conocimiento (epistemológicas) que rompen a su manera con el conservadurismo y tienen, como se dijo, consecuencias enteramente distintas.

Para terminar dejo un video (en portugués, con música de Apocaliptica en cello de fondo) que puede ayudar a entender la tensión entre ambas visiones.

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1 comentario
  1. La razón dialoga con la realidad. De no hacerlo, es fantasiosa, especulativa y no construye ideas, sino prejuicios. El pensamiento como sistema de ideas se construye de llevar las ideas dispersas a los hechos, o por una forma de comprobación científica. El valor del pensamiento pasa por la certeza de su eficiencia en cambiar, mantener o profundizar algo de la realidad. Por eso es insólito que procesos históricos, que son comprobación empírica, no han sido asimilados racionalmente para desechar sistemas de pensamiento que especularon sobre una sociedad sin clases y que atraparon la libertad individual y la sometieron a una clase dominante, no económica o social, sino la que se apropió de la fuerza burocrática.

    Podría, parece ser, que esto se debe a un uso de la razón para manipular la fuerza de los hechos. O por la confusión entre ideas y convicciones arraigadas por la subjetividad y en renuncia del uso de la razón y de su validez empírica.

    Esa permanente confrontación entre la razón de la que florecen ideas y la realidad que las soporta o destruye, debe ser fuente de transformación o consolidación del sistema de pensamiento que mueve nuestras decisiones o sustenta la visión del entorno que queremos construir. Eso llaman algunos evolución del pensamiento. Dejar uno y cambiarlo por otro en expresión de dinámica dialéctica, no por veleidosos, sino por consecuencia con la historia. Nos sucede a muchos, que en el afán de apropiarnos de la historia cambiamos o afinamos el pensamiento. Pero sucede que otros, y parecen más, deciden conservar sus conceptos sin percatarse de su caducidad histórica. Y los defienden como si los hechos que los invalidaron jamás habrían sucedido.

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