El que lo dice lo es…

“El que lo dice lo es”, dicho popular que lo recuerdo desde que asistí a la escuela, el mismo que siempre captó mi atención y análisis al comprobar que la sentencia era implacable cuando se pasa de la retórica al hecho

     Debemos admitir que los dichos populares son un gran reflejo o proyección del comportamiento humano, algunos expresan las prácticas regionales o concretan una enseñanza basada en una supuesta experiencia, y otros como el mencionado tal vez adquieren un carácter universal, probablemente porque alude al lenguaje, independientemente del idioma. El verbo decir implica actualmente una serie de connotaciones emocionales como legales, tanto así que un ser puede terminar privado de la libertad por decir algo catalogado como delito. El decir implica en sí el poder que el ser humano atribuye a la palabra.

     En algunos de los tantos planteamientos y estudios de la psicología a cerca del lenguaje, sobretodo en corrientes psicoanalíticas, podemos encontrar el popular “el que lo dice lo es”, parafraseado y extendido hasta los orígenes psíquicos que llevan al ser a una auto-sentencia con sus palabras, a delatar su alma a través de una proyección oral. Dicha proyección no es propia de alguna estructura psíquica específica, ya que aplica en las neurosis, en las perversiones e incluso en las psicosis. Para no entrar en detalles que pueden resultar aburridos a quienes no interesan los términos psicoanalíticos, resumiré que cada estructura psíquica tiene una manera de expresión peculiar, por ejemplo, cuando escuchamos a alguien decir: “esa persona me cae mal porque se hace la interesante”, podemos descubrir una neurosis por la manera demandante o la queja que manifiesta, en la que “esa persona” es con quien se identifica en cuanto a un comportamiento de “hacerse el interesante”, que bien puede ser el producto interno de algún complejo que se presenta con una timidez en el propio locutor.

     Otro ejemplo puede ser cuando escuchamos que alguien utiliza una metáfora: “Las flores de ese árbol están marchitas como los sentimientos”, podemos identificar que no se refiere al árbol en sí, sino a una descripción depresiva desde su interior, proveniente de alguna pérdida personal.

     Y un tercer y último ejemplo es el discurso acusatorio, propio de estructuras perversas: “Ellos son los que nos hacen daño con sus mentiras, traiciones, robos y venta de nuestra Patria querida” , en este tipo de discursos, comunes en líderes o personas que se dirigen a masas, se encuentra un goce perverso, el engaño y abyección a la vez, por un lado se ataca a quien se considera “enemigo”, disminuyéndolo con las acusaciones y por otro se desvía la atención de los oyentes del propio locutor, colocándose así fuera de todos los “defectos” que descubrió en otros pero que sin embargo salen de su propia mente y boca, es donde mejor se aplica el dicho “el que lo dice lo es”

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