Apología del caminar

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Los verdaderos tesoros que cualquier ciudad posee, sólo pueden ser descubiertos cuando se caminan por sus calles. Las ciudades más inteligentes son aquellas que están diseñadas brindando esa posibilidad.

Caminar es ejercer tu individualidad, hacer uso de la dignidad de no depender de otro, sea objeto o persona. Cuando caminamos podemos acceder a percibir detalles que se convierten en inexistentes cuando estamos a bordo de alguna burbuja metálica. Caminar es usar el vehículo que nos ha sido dado para transitar esta existencia. Es ponerte en contacto con tu cuerpo, con la ciudad en la que vives, con sus habitantes, con los olores y diferentes sensaciones que expresan las ciudades al mostrarnos su personalidad.

Vivimos en un entorno en el que la gente usa el auto hasta para ir a la tienda que queda a dos cuadras, porque caminar es para los pobres, para los poco importantes, para los que no tienen estatus; y no saben que pensar de esa manera es el verdadero testimonio de pobreza y carencia de conciencia cultural y colectiva.

Caminar es bajarte de cualquier pedestal en el que te hayas subido para empezar a poner los pies sobre la tierra, es un verdadero acto de humildad, pero no esa humildad condimentada por la inferioridad, sino más bien con la grandeza.

Caminar es aprender de la expresión de los rostros de las diferentes personas con las que te vas encontrando por la calle, en cada uno de ellos habita una historia, una vida llena de episodios que encarnan infinitas narraciones que traspasan del un polo al otro el abanico de las emociones y los sentimientos. Caminar es atestiguar la existencia que exuda la piel de las ciudades a través de los poros que son sus habitantes. Perderse esta experiencia es desperdiciar el espectáculo que cada día prepara la ciudad en la que vives, para ti.

Caminar disipa las ideas obsesivas, inspira nuevas formas de observar la vida, descarga el exceso de energía a través de los movimientos de tus extremidades y la actividad cardiovascular. Caminar te libera de la complicidad de estar contribuyendo al exceso de consumo de combustibles, automóviles, espacio, ruido, contaminación y tráfico. Caminar es contribuir a que el entorno sea mejor o por lo menos no se deteriore rápidamente.

Al caminar estás ejerciendo un acto que pone en evidencia tu nivel de conciencia acerca de la realidad interdependiente en la que vivimos, donde cada acto que realizas o que no realizas, tiene un impacto sobre el otro y su sistema.

Y si eres de aquellos que necesitan de su auto, de esa marca de auto, para sentir que eres alguien, que has alcanzado “el éxito”, que posees algún tipo de superioridad frente a los otros, entonces tendrás que pasarte metido en él, porque cuando salgas de tu burbuja metálica, se notará quién eres realmente.

Psic. Esteban Prado Saona

@tulaberinto

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