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Archivos Mensuales: enero 2014

Mi padre me contó una vez que en ciertas zonas campesinas del Ecuador, hace mucho, la gente tenía un dicho: “a la mujer y al burro sólo con el palo”. Frase que alude tanto al carácter de semovientes de ambos seres, como a su tozudez al no querer obedecer órdenes. Desconozco si aún sigan usando ese aforismo los campesinos de la patria. Sin embargo, he escuchado con estupor cómo un supuesto estadista arremete con el garrote de su “ideología” a nuestras queridas y combativas feministas y, de paso, también hace objeto de su ira a alguno que otro “burro” que osa cruzarse entre él y sus intereses…. ejem… proyecto político… (El último de esos burros lleva el apellido de un conocido escritor ibérico que, curiosamente, inmortalizó a otro asno, Platero).

Dice el circunspecto y severo gobernante que la “ideología de género” que se inculca a nuestros chicos en los colegios (líbranos del mal, San José María), es una barbaridad que no resiste el “menor análisis”. Afirma el predicador desde su púlpito sabatino que la mujer debe ser “femenina” y el hombre “masculino”. Reitera que las terribles, peligrosas, funestas personas que buscan la equidad sólo son quinta-columnistas de un proyecto que, en el fondo, intenta socavar el concepto tradicional de familia (cimiento sobre el que se funda la muy cristiana sociedad occidental). No contento con eso, desnuda en acto público a sus -muy posiblemente- futuras ex-coidearias, por osar desafiar el rol que la naturaleza, Dios, la Iglesia, han dado a la mujer, es decir, ser una fábrica de bebés y/o una extensión de la cocina. Culmina el auto de fe con la ovación de la cristianísima audiencia.

Recordemos la admonición de Escrivá de Balaguer, quien en la obra cumbre del underground literario católico, “Camino” (300 semanas en las listas de los libros más regalados, porque nadie lo compra) dice lo siguiente: “Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios —ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas— habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración.”. Pero no, las feministas no son discretas: hablan. Y hablan mucho. Y enseñan. Y pretenden ser sabias. Y buscan que su voz no sólo se escuche, sino que se refleje en la elaboración de políticas públicas. Es el colmo de la ingratitud! No contentas con haber aprendido a leer y escribir, para luego haber conseguido títulos universitarios, buscaron el derecho al voto, y posteriormente accedieron a cargos de elección popular. ¿Qué mas quieren? ¿Aborto? ¿Igualdad? No, aquí en el Ecuador del S. XXI, se practica lo que manda la mayoría, y la mayoría exige que la mujer calle y se someta al hombre, porque así lo quiso Dios, y es deber de los gobernantes hacer cumplir la ley divina.

Supongo que a futuro, Ejecutivo, Legislativo y la Conferencia Episcopal (los tres poderes del Estado), elaborarán algún proyecto de reforma constitucional que ponga fin a esa “perversa” idea del laicismo, para que Su Majestad pueda rezar todas las novenas habidas y por haber sin tener que sonrojarse ante las cámaras de un conocido canal de televisión que tantas noches de insomnio le provoca. Enrique IV dijo alguna vez “Paris vaut bien une messe” (“París bien vale una misa”), cuando tuvo que abjurar del calvinismo para salvar el pellejo y al mismo tiempo subir al trono. Ya escucho la campana de la Catedral repicando cuando Su Majestad, al grito de “Carondelet bien vale una misa”, escupa sobre la efigie de Alfaro, proscriba la francmasonería y el protestantismo, y proclame la devoción católica del pueblo ecuatoriano.

Mientras eso sucede, les recomiendo que empiecen a rezar las Preces, a ver si se les quita lo infieles, que yo voy a buscar mi silicio para mortificar este cuerpo pecador, con un fondo musical de aquella santa mujer, Hildegard von Bingen.

PRECES (fragmento)

Sérviam!

V /. Ad Trinitatem Beatíssimam.

R /. Grátias tibi, Deus, grátias tibi: vera et una Trínitas, una et summa Déitas, sancta et una Unitas.

V /. Ad Iesum Christum Regem.

R /. Dóminus Iudex noster; Dóminus Légifer noster; Dóminus Rex noster. Ipse salvabit nos.

V /. Christe, Fili Dei vivi, miserere nobis.

R /. Christe, Fili Dei vivi, miserere nobis.

V /. Exsurge, Christe, ádiuva nos.

R /. Et líbera nos propter nomen tuum.

Ahí se ven.

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