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Archivo del Autor: anabelencordero

 

Esclavos

La Resolución 464 de 29 de enero de 2014 del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) dispone que deberán afiliarse desde el primer día en que se realice la solicitud las personas que tengan ingresos sin relación de dependencia. Esta Resolución es enfática al señalar que se verificará, mediante un cruce de información con el Servicio de Rentas Internas (SRI), Ministerio de Relaciones Laborales y demás entidades públicas, si el usuario se desafilia del sistema sin haber sufrido una pérdida de sus ingresos. Señala además que el IESS procederá a realizar entonces el cobro de los aportes adeudados por recargos, intereses y multas correspondientes.

Se desata entonces una lluvia de preguntas. ¿En base a qué ingreso se determinará mi contribución al IESS? Señala la referida resolución que la aportación se calculará en base a la facturación mensual declarada al SRI teniendo en cuenta como base presuntiva un monto no menor al salario básico unificado.

Adicional a ello existen jubilados que también facturan – asesorías o consultorías eventuales.

Me pregunto: ¿Cómo se aplica aquí esta Resolución? ¿Deben volver a aportar?

Hasta el año 2013, la afiliación al IESS para trabajadores que no se encontrasen en situación de dependencia laboral era voluntaria, a partir de hoy ha dejado de serlo. Hoy el Estado establece un porcentaje fijo de aportación al IESS a un ciudadano que percibe un ingreso variable. ¿Ocurrencias no?

¿En base a que? La Resolución dice que considera el artículo 371 de la Constitución que señala que el IESS se financiará entre otros rubros, “de los aportes de las personas independientes aseguradas” – hoy no sé qué tanto nos queda de independientes a las personas-.

Esta resolución trata desigualmente a los actuales y potenciales contribuyentes del IESS. Aunque actuarialmente para el IESS represente el mismo porcentaje de aportación, existe una gran diferencia en cuanto al monto de contribución. Todos aquellos quienes se encuentren en relación de dependencia deberán aportar únicamente un 9.45% (si, ya cambió) y su empleador el 11.05%. Mientras que “las personas independientes” que presten servicios profesionales sin una relación laboral directa deberán aportar por ellos mismos el 20.5% de sus ingresos mensuales.

Entonces hagamos la cuenta: 20.5% para el IESS, 10% de retenciones al impuesto a la renta, su correspondiente pago, que puede llegar hasta un 35% según sea el caso, 15% de participación y adicional a ello, los distintos impuestos indirectos y tasas.

Tras algunos episodios de este gobierno -que no dejan de sorprenderme- éste me indigna. El actual gobierno castiga a los emprendedores y trabajadores independientes y le impone un costo fijo a un ingreso variable. Está claro el mensaje que el gobierno nos envía en esta ocasión:

“Queremos empleados y subordinados”.

Me siento como si volviese a tener ocho años y mi mamá me daba 400 sucres a la semana para la colación. Ella me aconsejaba en qué alimentos es mejor gastar mi dinero, pero nunca me lo impuso, era sólo un consejo.

Hoy el gobierno me ordena, qué porcentaje de mis ingresos –y vaya porcentaje– debe llevarse para él decidir en qué invertir por mi (yo aparentemente no puedo hacerlo sola). Y como si fuera poco decide que es mejor invertir en su sistema de salud pública antes que en un proveedor privado, de mi elección. ¿No pensaron en que quizás, yo no quiera aportar a ningún proveedor de salud y prefiera gastármelo en lo que a mi se me ocurra? Finalmente es mi sueldo, ¿o ya no?

Claro, asumo, el gobierno necesita dinero. El IESS también lo necesita para cumplir sus ofrecimientos, como por ejemplo, el brindar cobertura a los cónyuges/parejas e hijos hasta los 21 años de los afiliados sin incrementar significativamente el aporte del Estado ecuatoriano a la caja del IESS. ¿Por qué yo tengo que financiar los ofrecimientos del gobierno? Veamos porque:

Según un informe de la Dirección Económica del Seguro Social para marzo de 2012 eran $2,776 millones de dólares los que el Estado le debía al IESS. En abril de ese mismo año el IESS y el Ministerio de Finanzas firmaron un convenio para pagar únicamente $1,556 millones de dólares de los cuales un 84% se pagó en bonos – los cuales fueron autorizados por Pedro Delgado (el ex Presidente del Banco Central) y el restante 16% en efectivo. Estos bonos tienen un plazo de 12 años, con 6.5 años de gracia en los que se paga el interés y un 7.5% de interés fijo anual.

Se conoce que a partir de abril de 2012 Finanzas empezó a emitir bonos –es decir más deuda– para pagar los aportes y hasta finales del 2012 pagó 398 millones en más bonos. Cuando el artículo 290 de la Constitución en su numeral 3 manda que ¨Con endeudamiento público se financiarán exclusivamente programas y proyectos de inversion” (lo resaltado me pertenece).

Pero todas estas operaciones se han mantenido reservadas al amparo de lo que dispone el Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas que permite declarar secretas y reservadas algunas operaciones de endeudamiento público. Por ello las Bolsas de Valores de Quito y Guayaquil no tienen registradas dichas emisiones de papeles.

Aunque Fernando Cordero diga enfáticamente “El Estado no debe ni un sólo centavo al IESS” yo quisiera conocer cuándo se han recibido los pagos de intereses pactados en los bonos y el pago de los restantes 1220 millones de dólares que debe el Estado al IESS desde 2010.

En América Latina son muchos los países que ya entendieron lo que en palabras de Jose Piñera es la seguridad social:La seguridad social –sin duda, es el mayor de todos los monopolios estatales existentes– era un sistema inspirado en esa lógica que hace depender a las personas del Estado, ese “ogro filantrópico” descrito por Octavio Paz” y optaron por un sistema distinto de ahorro y hoy se encuentran a la cabeza del crecimiento en América Latina y envidiablemente muchos de ellos forman parte de la Alianza del Pacífico.

En paises como Chile, Perú, Colombia, Uruguay, México, Bolivia, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana ya existe el sistema AFP de capitalización individual, administración privada y rol subsidiario (regulatorio y solidario) del Estado donde ya hay más de 70 millones de trabajadores con una cuenta de ahorro para la vejez y fondos de pensiones que alcanzan los $250,000 millones (aproximadamente un 16% del PIB total). En Chile, este sistema permitió que del capital total en las cuentas de ahorro, solo un 23% corresponda a los aportes de los afiliados y el restante 77% tenga su origen en la rentabilidad de los fondos. 

Pero no, nosotros preferimos la universalización de la seguridad social. Así, a mi que no me universalicen nada.

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Gabriela está embarazada de su padrastro. Ella pidió no ser mencionada por su nombre original así que para los fines que nos ocupan su nombre es Gabriela. Ella nació en el mes de diciembre de 1999 y en su partida figura como lugar de nacimiento la maternidad de Chillogallo en Ecuador. 

Luego de algunos años de maltrato el padre de Gabriela abandonó a su madre y a sus tres hermanas. Gabriela y sus hermanas no pudieron terminar la escuela primaria y hoy se dedican a limpiar baños en locales comerciales o de asistentes de cocina en un comedor. Paola, su hermana de 16 años tiene, ya dos hijos de 3 y 2 años. Por la situación de pobreza en la que su familia vive Gabriela comparte el colchón con su madre y su padrastro. Esta situación se repite en muchas familias ecuatorianas.

Cuenta la historia que una noche su padrastro llegó con algunas botellas de más a dormir a casa y mientras dormía hizo que Gabriela tocara sus genitales mientras su madre salió a trabajar. Lo que ocurrió después quedará sólo para las cifras de estadísticas que nunca conoceremos.  

Al cabo de pocas semanas Gabriela contó que estaba embarazada de su “novio” y su abuela  – quien nunca aprobó la nueva relación de su hija – presentó una denuncia en contra del padrastro de Gabriela. ¿Qué opciones tiene Gabriela en el medio en el que vive?

Alejémonos por un momento del acalorado debate legal/político/sociológico/psicológico/moral y de los anuncios en los medios de prensa y de las marchas y manifestaciones y de las conferencias por la vida y por los derechos de la mujer y de la opinión de la Iglesia y de todo aquello que termina por ofuscarnos y obnubilar nuestras más recónditas posturas y pensemos en el ser humano.

Si, pensemos no sólo en ese ser humano que está por nacer y cuya vida se ha engendrado sin tener la culpa de lo que ocurrió entre sus progenitores y que merece todo aquello que muchos conocemos como una vida plena. 

En los acalorados debates políticos y académicos mucho se menciona la vida del no nacido – y no es para menos – pero pocas veces se habla de la vida de quien lo gesta durante nueve meses. Poco se habla de su voluntad, casi nada se refiere de qué opciones tiene, es escaso lo que se dice respecto de su dignidad y no se menciona siquiera sobre su plan de vida.

Gabriela es esa mujer, quien más allá de tener derechos -que distintos cuerpos normativos los quitan, los ponen y los restringen a discreción-, es humana. Hay algo inherente a lo humano sin importar su sexo, raza o edad: su dignidad. Ese intangible que afortunadamente es innato a la calidad propia de ser humano y no viene anclado por ninguna legislación. 

Gabriela es esa mujer a quien se pretende revictimizar, señalar con el dedo y tachar de “abortista” o “feminista” – como si cualquiera de los dos calificativos fuesen insultos. Esa mujer, esa persona, ese ser humano ¡también tiene vida!, también siente, también disiente, también opina pero sobre todo también decide. La procreación que deviene en la maternidad no sólo es un acto biológico sino que es un acto de conciencia y de voluntad no de imposición.

Separémonos un momento del debate jurídico sobre la eficacia o no de sancionar el aborto pero abstengámonos de absurdamente compararlo con el asesinato como si de comparar peras con manzanas se tratase.

Desde una visión extrema se piensa e incluso se asevera que el no sancionar el aborto es equivalente a no sancionar el asesinato. Es indiscutible el hecho de que para comparar las dos conductas debemos de analizar conductas similares; pero en este caso se trata de procesos psicológicos muy distintos los que se encuentran detrás de estos tipos penales. 

La persona que asesina a otra tiene – en la mayoría de casos – perturbaciones piscológicas, la mujer que aborta se encuentra – en la mayoría de los casos – en situaciones de extrema pobreza, necesidad, ignorancia, angustia y desesperación. Un asesinato ocurre en segundos – basta con apretar un gatillo que incluso en muchos casos puede ser instintivo-. Un aborto implica un proceso emocional muy fuerte y una vez tomada la decisión una mujer debe acudir a la parte trasera de un restaurante y cruzar los dedos para no desangrarse en una mesa. Si al asesino se le pide que no lo haga lo más seguro es que lleve a cabo su acometido. Si a la mujer que quiere abortar se le da opciones es probable que no aborte – o que al final sí lo haga pero en condiciones humanas -. Pero la sociedad obliga a este ser humano a “asumir la responsabilidad de sus actos” – que nunca le fueron propios porque fue forzada y le impone un hijo a su proyecto de vida. 

La sociedad no le brinda opciones a Gabriela, esta mujer que es humana y que tiene dignidad por ser humana. No sólo que es muy probable que Gabriela no vuelva a gozar de una vida sexual placentera y saludable porque fue forzada a ser madre producto de una relación sexual violenta y no deseada sino que a su vez un conglomerado de personas que dice llamarse el soberano le impone una moral ajena al útero, al hijo y al plan de vida de Gabriela. 

La sociedad, con un puñal en una mano y con un dedo que señala a Gabriela en la otra, la acorrala contra la pared sin opciones seguras y a su alcance. La “píldora del día después” es un tabu y se consigue en pocas farmacias – en los casos en los que es efectiva -, la adopción es un proceso largo, tedioso, burocrático y bastante doloroso – más aún para una Gabriela que fue violada -, y la más dura de todas un aborto no seguro cual vaca en carnicería. 

No me confundan, no con este texto me proclamo “abortista”, “feminista”, “machona” ni ninguno de esos calificativos absurdos que ahora acostumbran llamar a los hombres y mujeres que decidimos pensar fuera de la caja y mirar al ser humano que hay detrás de cada decisión política y ver la realidad. El Derecho nació para ajustarse a la sociedad, no la sociedad al Derecho. 

Ambas concepciones frente al aborto se consideran legítimas y válidas y ninguna debe ser descalificada como ¨inmoral¨ únicamente porque no se la comparta. Lo que no es dable es que cualquiera de estas posiciones sean absurdamente incrustradas en la legislación de un país como pretenden distintos grupos de lado y lado a fin de imponer su moral a toda una población. A veces las democracias son peligrosas. Un periodista hace poco dijo “Cuando veo lo que pasa, no perdono a los griegos el invento de la democracia, 100 fulano(a)s saltan por encima de las mujeres” y no podría estar más de acuerdo. Indiscutiblemente son cosas tan personales y delicadas que estoy segura que el Estado, la legislación y los asambleístas no pueden dimensionar ni decidir por otros. 

Sólo quise ponerme por un instante en los zapatos de ese ser humano que es Gabriela quien también es de carne y hueso y que hoy es revictimizado. Ayer, mientras caminaba a clases, pensaba como hasta hace relativamente poco tiempo conceptos como la esclavitud y el trabajo forzado han sufrido positivos cambios en la mentalidad de los individuos y hoy concebirlos como dables es inaceptable. Pensaba también si algún día le pondremos un rostro humano a este tema también y estos episodios como el de Gabriela únicamente constarán en los libros de historia que nuestros hijos estudiarán. 

 

@anitacebelinco 

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