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Archivo del Autor: Esteban Prado

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Los verdaderos tesoros que cualquier ciudad posee, sólo pueden ser descubiertos cuando se caminan por sus calles. Las ciudades más inteligentes son aquellas que están diseñadas brindando esa posibilidad.

Caminar es ejercer tu individualidad, hacer uso de la dignidad de no depender de otro, sea objeto o persona. Cuando caminamos podemos acceder a percibir detalles que se convierten en inexistentes cuando estamos a bordo de alguna burbuja metálica. Caminar es usar el vehículo que nos ha sido dado para transitar esta existencia. Es ponerte en contacto con tu cuerpo, con la ciudad en la que vives, con sus habitantes, con los olores y diferentes sensaciones que expresan las ciudades al mostrarnos su personalidad.

Vivimos en un entorno en el que la gente usa el auto hasta para ir a la tienda que queda a dos cuadras, porque caminar es para los pobres, para los poco importantes, para los que no tienen estatus; y no saben que pensar de esa manera es el verdadero testimonio de pobreza y carencia de conciencia cultural y colectiva.

Caminar es bajarte de cualquier pedestal en el que te hayas subido para empezar a poner los pies sobre la tierra, es un verdadero acto de humildad, pero no esa humildad condimentada por la inferioridad, sino más bien con la grandeza.

Caminar es aprender de la expresión de los rostros de las diferentes personas con las que te vas encontrando por la calle, en cada uno de ellos habita una historia, una vida llena de episodios que encarnan infinitas narraciones que traspasan del un polo al otro el abanico de las emociones y los sentimientos. Caminar es atestiguar la existencia que exuda la piel de las ciudades a través de los poros que son sus habitantes. Perderse esta experiencia es desperdiciar el espectáculo que cada día prepara la ciudad en la que vives, para ti.

Caminar disipa las ideas obsesivas, inspira nuevas formas de observar la vida, descarga el exceso de energía a través de los movimientos de tus extremidades y la actividad cardiovascular. Caminar te libera de la complicidad de estar contribuyendo al exceso de consumo de combustibles, automóviles, espacio, ruido, contaminación y tráfico. Caminar es contribuir a que el entorno sea mejor o por lo menos no se deteriore rápidamente.

Al caminar estás ejerciendo un acto que pone en evidencia tu nivel de conciencia acerca de la realidad interdependiente en la que vivimos, donde cada acto que realizas o que no realizas, tiene un impacto sobre el otro y su sistema.

Y si eres de aquellos que necesitan de su auto, de esa marca de auto, para sentir que eres alguien, que has alcanzado “el éxito”, que posees algún tipo de superioridad frente a los otros, entonces tendrás que pasarte metido en él, porque cuando salgas de tu burbuja metálica, se notará quién eres realmente.

Psic. Esteban Prado Saona

@tulaberinto

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  • Porque en lugar de amigos, estaba lleno de un montón de personas que sólo decían serlo.
  • Porque en lugar de conversaciones que aporten con aprendizaje, conocimiento, reflexión u opinión, me encontré con una sala de chismes, ataques, fanatismos, y una exagerada e infructuosa competencia por parecer el más inteligente, importante, cool y astuto de la comunidad.
  • Porque había momentos en que yo mismo me veía convirtiéndome en otro más de los mencionados en el punto anterior.
  • Porque en cada uno de sus comentarios, personas que antes me parecían inteligentes y respetables, poco a poco iban revelando su ignorancia e incapacidad de opinar por sí mismos, sino en nombre de algún ismo, formulado por algún otro que les tiene hipnotizados y adoctrinados.
  •  Porque para algunas personas, opinar algo diferente,  era un ataque personal del cual tenían que defenderse agresivamente y encima sin dar la cara ni responsabilizarse de sus comentarios.
  • Porque todo esto empezó a acentuar mi hastío hacia el pensamiento colectivo en Quito y en nuestro país.
  • Porque empecé a sentir que estaba perdiendo el tiempo, existiendo de manera virtual, en un lugar que lo más parecido en el mundo físico sería la típica reunión cargosa de la cual uno quiere salir corriendo y no volver a ser invitado jamás.
  • Porque a pesar de que ya no disfrutaba leer y escribir en ese lugar, algo muy morboso en mí me hacía seguir permaneciendo, como si fuera alguna secta de la cual uno no puede deslindarse.

Por todo esto y por mucho más, decidí ejercer mi libertad y cancelar mi cuenta personal, haciendo click en los innumerables pasos que facebook te va señalando cuando quieres cancelar la cuenta, para que desistas de tu decisión y te vayas sintiendo un ser marginal que si decide irse de ahí habrá perdido contacto con todo el cariño, el amor, la atención, el acompañamiento, el apoyo y los cuidados de todo ese montón de gente que se han ido convirtiendo en tus inseparables amigos.

Por suerte tengo buen entrenamiento en decir NO, sobre todo a pastores, líderes de sectas, movimientos religiosos, salvadores del mundo y similares. Ahora respiro más profundo, camino más ligero y disfruto de escribir en otros espacios que sí son verdaderamente constructivos e interesantes.

Y cuando quiero conversar con mis amigos, me basta con llamar a alguno de mis panas e irme a almorzar o tomar un café con ellos, eso sí nunca nos hemos escrito por Facebook.

Psic. Esteban Prado Saona.

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Cuando hablo de celdas, hablo de aquellas que están construidas con creencias. Creencias de todo tipo, que pasan por lo familiar, personal, social, religioso, político, etc. Cada una de las celdas en las que habitamos se sostiene sobre una estructura de creencias que hemos ido incorporando a lo largo de nuestras vidas, a través de quienes nos han educado, del entorno cultural en el que nos hemos desarrollado. En una suerte de osmosis, vamos absorbiendo, a manera de esponjas, creencias y más creencias hasta que cuando empezamos a darnos cuenta, si es que lo hacemos, ya estamos habitando en alguna celda.

El pensar, entendida como la acción que cada individuo puede ejercer haciendo uso de su magnífico sistema nervioso y cerebral, se convierte en la llave maestra que puede ir abriendo cada una de esas celdas, al poner las creencias bajo el filtro de la razón.

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