archivo

Política

 

Esclavos

La Resolución 464 de 29 de enero de 2014 del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) dispone que deberán afiliarse desde el primer día en que se realice la solicitud las personas que tengan ingresos sin relación de dependencia. Esta Resolución es enfática al señalar que se verificará, mediante un cruce de información con el Servicio de Rentas Internas (SRI), Ministerio de Relaciones Laborales y demás entidades públicas, si el usuario se desafilia del sistema sin haber sufrido una pérdida de sus ingresos. Señala además que el IESS procederá a realizar entonces el cobro de los aportes adeudados por recargos, intereses y multas correspondientes.

Se desata entonces una lluvia de preguntas. ¿En base a qué ingreso se determinará mi contribución al IESS? Señala la referida resolución que la aportación se calculará en base a la facturación mensual declarada al SRI teniendo en cuenta como base presuntiva un monto no menor al salario básico unificado.

Adicional a ello existen jubilados que también facturan – asesorías o consultorías eventuales.

Me pregunto: ¿Cómo se aplica aquí esta Resolución? ¿Deben volver a aportar?

Hasta el año 2013, la afiliación al IESS para trabajadores que no se encontrasen en situación de dependencia laboral era voluntaria, a partir de hoy ha dejado de serlo. Hoy el Estado establece un porcentaje fijo de aportación al IESS a un ciudadano que percibe un ingreso variable. ¿Ocurrencias no?

¿En base a que? La Resolución dice que considera el artículo 371 de la Constitución que señala que el IESS se financiará entre otros rubros, “de los aportes de las personas independientes aseguradas” – hoy no sé qué tanto nos queda de independientes a las personas-.

Esta resolución trata desigualmente a los actuales y potenciales contribuyentes del IESS. Aunque actuarialmente para el IESS represente el mismo porcentaje de aportación, existe una gran diferencia en cuanto al monto de contribución. Todos aquellos quienes se encuentren en relación de dependencia deberán aportar únicamente un 9.45% (si, ya cambió) y su empleador el 11.05%. Mientras que “las personas independientes” que presten servicios profesionales sin una relación laboral directa deberán aportar por ellos mismos el 20.5% de sus ingresos mensuales.

Entonces hagamos la cuenta: 20.5% para el IESS, 10% de retenciones al impuesto a la renta, su correspondiente pago, que puede llegar hasta un 35% según sea el caso, 15% de participación y adicional a ello, los distintos impuestos indirectos y tasas.

Tras algunos episodios de este gobierno -que no dejan de sorprenderme- éste me indigna. El actual gobierno castiga a los emprendedores y trabajadores independientes y le impone un costo fijo a un ingreso variable. Está claro el mensaje que el gobierno nos envía en esta ocasión:

“Queremos empleados y subordinados”.

Me siento como si volviese a tener ocho años y mi mamá me daba 400 sucres a la semana para la colación. Ella me aconsejaba en qué alimentos es mejor gastar mi dinero, pero nunca me lo impuso, era sólo un consejo.

Hoy el gobierno me ordena, qué porcentaje de mis ingresos –y vaya porcentaje– debe llevarse para él decidir en qué invertir por mi (yo aparentemente no puedo hacerlo sola). Y como si fuera poco decide que es mejor invertir en su sistema de salud pública antes que en un proveedor privado, de mi elección. ¿No pensaron en que quizás, yo no quiera aportar a ningún proveedor de salud y prefiera gastármelo en lo que a mi se me ocurra? Finalmente es mi sueldo, ¿o ya no?

Claro, asumo, el gobierno necesita dinero. El IESS también lo necesita para cumplir sus ofrecimientos, como por ejemplo, el brindar cobertura a los cónyuges/parejas e hijos hasta los 21 años de los afiliados sin incrementar significativamente el aporte del Estado ecuatoriano a la caja del IESS. ¿Por qué yo tengo que financiar los ofrecimientos del gobierno? Veamos porque:

Según un informe de la Dirección Económica del Seguro Social para marzo de 2012 eran $2,776 millones de dólares los que el Estado le debía al IESS. En abril de ese mismo año el IESS y el Ministerio de Finanzas firmaron un convenio para pagar únicamente $1,556 millones de dólares de los cuales un 84% se pagó en bonos – los cuales fueron autorizados por Pedro Delgado (el ex Presidente del Banco Central) y el restante 16% en efectivo. Estos bonos tienen un plazo de 12 años, con 6.5 años de gracia en los que se paga el interés y un 7.5% de interés fijo anual.

Se conoce que a partir de abril de 2012 Finanzas empezó a emitir bonos –es decir más deuda– para pagar los aportes y hasta finales del 2012 pagó 398 millones en más bonos. Cuando el artículo 290 de la Constitución en su numeral 3 manda que ¨Con endeudamiento público se financiarán exclusivamente programas y proyectos de inversion” (lo resaltado me pertenece).

Pero todas estas operaciones se han mantenido reservadas al amparo de lo que dispone el Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas que permite declarar secretas y reservadas algunas operaciones de endeudamiento público. Por ello las Bolsas de Valores de Quito y Guayaquil no tienen registradas dichas emisiones de papeles.

Aunque Fernando Cordero diga enfáticamente “El Estado no debe ni un sólo centavo al IESS” yo quisiera conocer cuándo se han recibido los pagos de intereses pactados en los bonos y el pago de los restantes 1220 millones de dólares que debe el Estado al IESS desde 2010.

En América Latina son muchos los países que ya entendieron lo que en palabras de Jose Piñera es la seguridad social:La seguridad social –sin duda, es el mayor de todos los monopolios estatales existentes– era un sistema inspirado en esa lógica que hace depender a las personas del Estado, ese “ogro filantrópico” descrito por Octavio Paz” y optaron por un sistema distinto de ahorro y hoy se encuentran a la cabeza del crecimiento en América Latina y envidiablemente muchos de ellos forman parte de la Alianza del Pacífico.

En paises como Chile, Perú, Colombia, Uruguay, México, Bolivia, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana ya existe el sistema AFP de capitalización individual, administración privada y rol subsidiario (regulatorio y solidario) del Estado donde ya hay más de 70 millones de trabajadores con una cuenta de ahorro para la vejez y fondos de pensiones que alcanzan los $250,000 millones (aproximadamente un 16% del PIB total). En Chile, este sistema permitió que del capital total en las cuentas de ahorro, solo un 23% corresponda a los aportes de los afiliados y el restante 77% tenga su origen en la rentabilidad de los fondos. 

Pero no, nosotros preferimos la universalización de la seguridad social. Así, a mi que no me universalicen nada.

Anuncios

La madrugada del 11 al 12 de abril de 1918 fue una noche de cuchillos largos en Moscú. Mil agentes de una desconocida agencia estatal irrumpieron en los domicilios de quinientos ciudadanos sospechosos de militar en organizaciones anarquistas. Se trataba de una agencia recién creada a la que llamaban Cheka y que dependía directamente del camarada Lenin. La redada se saldó con la detención de todos los sospechosos y la ejecución sumaria de un pequeño grupo en las dependencias que la organización acababa de estrenar en la plaza Lubianka, junto al Kremlin.

La Cheka era el tipo de organismo represor que Lenin venía buscando desde su ascenso al poder unos meses antes. Las soflamas de liberación se habían apagado tan pronto como los bolcheviques se adueñaron del Kremlin. Lejos de colmar las aspiraciones de los trabajadores rusos, la revolución encarnada en Lenin estaba tornándose muy impopular. Los comunistas ya no eran vistos como libertadores, sino como bestias vengativas y sedientas de sangre que robaban al proletario para después entregar el botín al Partido.

La creciente desafección hacia la camada bolchevique hacía temer lo peor. Pero Lenin no tenía ninguna intención de desalojar el poder que tanto tiempo y esfuerzo le había llevado conquistar. Nada menos que una vida entera dedicada a la conspiración política coronada por un inesperado éxito en las jornadas de octubre. Tras ellas, y con intención de mantener a raya a los díscolos, encargó a uno de sus lugartenientes, el aristócrata polaco Félix Dzerzhinski, que formase una milicia dedicada a vigilar de cerca y reprimir los conatos de disidencia que fuesen apareciendo mientras el Partido se acomodaba en Moscú.

Felix Dzerzhinski

Dzerzhinski creo una «estructura ligera, flexible, inmediatamente disponible, sin un juridicismo puntilloso, sin restricción para tratar, para golpear a los enemigos con el brazo armado de la dictadura del proletariado». La «estructura» se escondió tras un nombre tan de aquel momento que nadie sospechó nada raro: «Comité Militar Revolucionario de Petrogrado», se llamaba.

El Comité de Petrogrado era algo necesariamente temporal. Dos meses después de establecerse se vio superado por los acontecimientos. Sus setenta integrantes se quedaban cortos para atender los frentes de la contrarrevolución, que cada vez eran más numerosos e incontrolables. En diciembre Lenin llamó de nuevo a Dzerzhinski para encomendarle la creación de una «comisión especial» que luchase «con la mayor energía revolucionaria contra la huelga general de los funcionarios y determinara los métodos para suprimir el sabotaje». Comisión especial en ruso se dice «Chrezvychaynaya Komissiya», es decir, Che-Ka.

Lenin andaba obsesionado con la Revolución Francesa, a la que consideraba precedente y madre nutricia de la rusa. Quería encontrar un «Fouquier-Tinville que nos mantenga en jaque a toda la canalla contrarrevolucionaria», un «sólido jacobino revolucionario» que supiese estar a la altura de una empresa tan ambiciosa como la de demoler hasta los cimientos la contrarrevolución. Ese jacobino iba a ser, por méritos contrastados, el propio Dzerzhinski.

Escudo de la Cheka

A mediados de diciembre estaba ya todo decidido. La Cheka sería la espada del Partido, y así se hizo ver en el escudo de la organización, formado por una espada dorada de la que sobresalía, en relieve, la estrella de cinco puntas y el emblema de la hoz y el martillo. Trotsky anunció a los suyos que «en menos de un mes el terror va a adquirir formas muy violentas». La apelación a los jacobinos era continua. El comisario del Pueblo para la guerra, recordó que la pena ya no sería «la prisión, sino la guillotina, ese notable invento de la gran Revolución Francesa».

Días después Lenin en persona se dirigió a un soviet de obreros fabriles para advertirles de que la Revolución se defendería con uñas y dientes. «¡A menos que apliquemos el terror a los especuladores —una bala en la cabeza en el momento— no llegaremos a nada!», les dijo llevado por el enajenamiento revolucionario que se apoderaba de él durante los mítines. Dzerzhinski, por su parte, iba ultimando los detalles de la nueva agencia que tendría dos tareas fundamentales. La primera «suprimir y liquidar todo intento y acto contrarrevolucionario de sabotaje». La segunda «llevar a los saboteadores ante un tribunal revolucionario».

En marzo la Cheka quedó formalmente constituida. Estaba dividida en tres departamentos: información, organización y operación. Al principio sólo se le adjudicaron 400 funcionarios que pronto, en sólo tres meses, ya serían más de dos mil, a los que había que añadir un contingente de tropas especiales, militares debidamente entrenados en el contraespionaje que dependían directamente de la «Gran Casa», apodo que los chequistas pusieron al edificio de la plaza Lubianka.

Los efectivos de la Cheka aumentaron exponencialmente cuando la guerra civil se recrudeció en enero de 1919. Esta organización tenía una ventaja fundamental: operaba total y absolutamente al margen de cualquier ley o convención. Los disidentes y los soldados blancos la temían mucho más que al Ejército Rojo. Los chequistas practicaban la tortura sistemáticamente y reservaban muertes atroces para los detenidos. Aplicaban el manual completo de tormentos medievales: desollamiento, crucifixión, empalamiento, lapidación, horca… no había especialidad que los agentes de Dzerzhinski ignorasen.

Image

Para atemorizar a la población civil organizaban espeluznantes ejecuciones públicas en las que desplegaban gran creatividad homicida. En las provincias del norte solían desnudar a los presos y verter sobre ellos agua que, a 30 grados bajo cero, se congelaba rápidamente formando estatuas de hielo vivientes. En ocasiones colocaban un tubo en la boca de los reos y deslizaban una rata sobre él para que ésta, azuzada por un tizón que el verdugo ponía en el otro extremo del tubo, desgarrase la garganta de los condenados hasta provocarles una espantosa muerte.

Image

El fusilamiento era quizá el más benévolo de sus veredictos. Nadie estaba a salvo. Cualquiera mayor de ocho años era condenable al paredón. Las ejecuciones tenían que ser masivas y públicas para infundir un temor casi religioso entre los aldeanos. En aquella guerra sin cuartel iba a ser el miedo a una represalia siempre inhumana el mejor aliado de los bolcheviques. La prensa del régimen se hacía eco de las proezas que la Cheka iba perpetrando por Rusia en cuidadas historias de portada que ponían los pelos de punta a cualquiera.

A cualquiera menos al camarada Lenin, decidido a hacer de su invento la columna vertebral de la nueva Rusia socialista. En enero de 1920, coincidiendo con algunas de las masacres más pavorosas, se reunió con un soviet de líderes sindicales y les dijo con vehemencia: «No debemos dudar si fusilamos a miles de personas, y no dudaremos, y salvaremos el país».

Los excesos de la Cheka cruzaron las herméticas fronteras de Rusia y llegaron a Occidente. Pero la Revolución bolchevique tenía aún crédito ilimitado, nadie movió un dedo para denunciar la degollina sin cuento que estaba teniendo lugar en Rusia tras las bambalinas de la guerra civil. Dzerzhinski había cumplido. En 1922 la guerra terminó y, con ella, cualquier atisbo de disconformidad con los nuevos zares del imperio que, desde ese año, pasó a llamarse Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Image

Había llegado la hora de convertir la «comisión especial» en algo más orgánico y propio de la nueva realidad posrevolucionaria. De la Cheka nació la OGPU, siglas en ruso de Directorio Político Unificado del Estado. La palabra —Cheka— y la profesión —chequista— se resistieron a morir. Los rusos siguieron conociendo a la temida policía política como la Cheka y hasta exportaron la idea (y el miedo) al extranjero, incluyendo la España republicana, donde el modelo soviético de policía política se aplicó con rectitud aterradora durante la guerra civil. Se desconoce cuántas víctimas ocasionó la Cheka original en sus cuatro años escasos de vida, pero las estimaciones más moderadas calculan que la cifra asciende a las 200.000 personas.

Dzerzhinski nunca hubiera podido imaginar que su macabro invento pudiese llegar tan lejos y convertirse en un instrumento tan eficazmente mortífero. Murió pocos años después de un infarto mientras pronunciaba un discurso. La URSS le supo agradecer los servicios prestados erigiendo una monumental estatua de 15 toneladas esculpida en hierro en la plaza Lubianka, delante de su verdadero hogar, la «Gran Casa», la de la Cheka (KGB).

Monumento a Dzerzhinski

Flashback a 1991, cuando la estatua de Felix Dzerzhinski fue tumbada.

La estatua fue derribada por los manifestantes de su pedestal, frente a la sede de la KGB en Lubyanka, Moscú, tras el fallido golpe de la línea dura comunista contra Mijail Gorbachov en 1991. El monumento de bronce ha languidecido desde entonces en un parque abandonado de la ciudad, junto a otras estatuas de Lenin, Stalin y Brezhnev.

Fuente: Historia Criminal del Comunismo, de Díaz Villanueva Fernando.

Imágenes de Internet.

Los demócratas (desde Habermas, pasando por Hillary Clinton y Fukuyama entre una larga serie de propagandistas del democratismo) han sembrado la ilusión de que no tenemos más remedio que elegir entre la democracia de masas y la dictadura. Es decir, que si no elegimos todos por todos, la otra única posibilidad es que elija alguien por todos. En realidad hay, siempre hubo -y para al menos el 90% de asuntos de la vida humana es así como vivimos- una tercera y más pulcra alternativa: la libertad individual. La libertad individual se ejerce sobre el propio cuerpo, nuestras acciones con y desde dicho cuerpo, nuestros bienes propios y los bienes ajenos a los que tengamos acceso por invitación -es decir, mediante tratos libres.

En realidad el continuo es uno de Dictadura > Democracia > Sociedad Libre.Los sistemas politicos en esencia

En una Dictadura, un hombre o una cúpula deciden por todos (recordemos que el poder no es ni liderazgo ni influencia, en el mejor de los casos a estos dos últimos se les puede llama “soft power” con el léxico de la ciencia política). Es decir que deciden (no presiona, no inspiran, no sugieren: mandan) sobre los cuerpos y bienes de otros. La Democracia puede parecer una mejora sustancial, pero en realidad la Ley de Hierro de la Oligarquía (observación de Michels, sociólogo de izquierda, para más señas) nos indica que aunque las decisiones sean colectivas, su ejecución -y amplios poderes para ello- de todas maneras será irremediablemente asunto de una cúpula. Eso significa que el ropaje democrático es siempre útil para el Establishment político: le da legitimidad a cualquier acción arbitraria “porque nos lo hacemos a nosotros mismos”.

Esto es secundario en realidad, el principal problema de la democracia es que decidimos -imponemos- por los demás en temas ilegítimos. ¿Cómo saber qué es legítimo de votarse o delegarse mediante voto? Es bastante simple en realidad: todo lo que no permitiríamos a un vecino imponernos (decirnos qué comer o no, cómo vestirnos, qué pensar, si utilizar drogas para curarnos/placer/mejorarnos y cuáles, cuánto aportar a X o Y causa social/religiosa/ecológica) la suma de vecinos (- eso es la sociedad que tanto nos gusta idealizar: la suma de los vecinos geográficos- tampoco puede imponernos. La suma de vecinos no adquiere legitimidad para imponer que los vecinos individualmente no tiene sobre nosotros. La mayor parte del tiempo la democracia es una dictadura de las mayorías, directa (si es democracia directa) o indirecta (si hay centralización de poder territorialmente o en ciertos personajes). La democracia ha causado cortoplacismo (consumismo) cultural, países endeudados, tiranías y guerras para imponerla.

La Sociedad Libre (o Sociedad Abierta) en cambio se construye mediante el respeto máximo posible (y sobre el término posible hay un vigoroso y necesario debate entre localistas-autonomistas, republicano-liberales, minarquistas y anarcoliberales) a la autonomía del individuo. Se parte de la premisa de que podemos hacer cualquier cosa en nosotros y nuestros bienes que no invada o destruya la integridad física o bienes de terceros que no lo consienten.

Todos los sistemas políticos antiguos y contemporáneos han sido dictaduras, democracias o sociedades libres. Hay abundantes casos de cada uno de los tres en diversos grados y con inevitables resultados. Desde luego, pues todo país tiene ocasionales comportamientos mafioso-dictatoriales, democracias o asambleas comunales o grandes espacios de autonomía individual que se ven bajo amenaza de los dos primeros utilizando leyes e impuestos todo el tiempo. La próxima vez que alguien le diga que usted debe elegir entre dictadura y democracia, respóndale que no es necesario ni justo elegir entre dictadura individual o dictadura de las mayorías: es posible ir devolviendo autonomía a los individuos para trazar sus redes de cooperación personal y productiva según su propio ritmo y deseo.

Quizás es hora de atreverse a ver más allá de la democracia.

 

 

20131106-004649.jpg

El socialismo tiene un estupendo nombre para el marketing. Suena a social, humano, sensible y solidario. (En claro contraste, el capitalismo tiene nombre de finanzas, de lucro insensible, de frialdad).

Pero el socialismo no es nada de eso. O al menos, eso no describe los medios incluso si esos fueran los fines buscados por sus proponentes. El socialismo no es nada más y nada menos que la planificación central. Siendo el ser humano único en el reino animal por su capacidad racional a costa de los instintos, no tiene los medios y los fines dados como otros seres vivos. Otros seres vivos pueden sobrevivir instintivamente a las horas, días o semanas de nacimiento. El ser humano paga el don de la razón (su córtex prefrontal si nos ponemos rigurosos) con una marcada disminución de los instintos y una alta vulnerabilidad inicial. Es por ello que debe descubrir o aprender de otros los medios y fines para su supervivencia. Por eso el aprendizaje, la educación y la cultura juegan un rol tan crucial para el ser humano. Por eso las instituciones (prácticas comunes, reglas, constructos) juegan un rol tan crucial para el ser humano.

La sociedad y la coordinación de acciones

The-New-York-Times-newsroom-1942[1]

La división del trabajo y el conocimiento.

La sociedad es la cooperación mutuamente beneficiosa ya no con los propios sino con los extraños. Como señaló F. A. Hayek los seres humanos nos movemos entre dos órdenes todo el tiempo: uno íntimo/personal y otro ampliado o social. En la sociedad ampliada el cómo cooperar, el qué podemos ofrecer a otros y obtener de otros mediante intercambios libres y qué hacer por nosotros mismos debe ser descubierto y replanteado a cada paso. Cambia el entorno, cambian las prioridades y acciones ajenas, cambia el conocimiento disponible. Las empresas (a diferencia de proyectos o iniciativas puntuales) son centros de acumulación y generación de conocimiento productivo en ese mismo sentido, dicho sea de paso.

¿Dónde entra el socialismo en todo esto?

Si la naturaleza humana es la de un ser que debe descubrir adaptativamente los medios y los fines para sus acciones, restringirle o diseñarle aquellos necesariamente traerá caos y descoordinación social. El socialismo es la imposición mediante la amenaza del uso de la fuerza física (eso son las leyes, decretos y mandatos coactivos gubernamentales) de los medios y por ende, la restricción de los fines posibles. F. A. Hayek cerraba su exposición de los dos órdenes diciendo que aplicar las reglas de uno de ambos órdenes (íntimo o ampliado) al otro, le destruiría irremediablemente.

La exposición hasta ahora ha sido epistemológica y sociológica. Pero la coordinación social tiene como herramientas sine qua non la propiedad privada y su fruto: el sistema de precios. Sin precios formados en los mercados, nadie sabe si está haciendo algo valioso para la sociedad en su conjunto. No hablo de actos de bondad o cooperación en la esfera inmediata. Sí de integrarse constructivamente como individuos y organizaciones (taxis) a la división del trabajo y el conocimiento que es la sociedad (cosmos).

Ricardo, Marx y el intento de teoría objetiva del valor

socialist+realism[1]

Las ideas marxistas prescindían del entrepreneur.

David Ricardo fue el más insigne seguidor anglosajón de Adam Smith. Los anglosajones se habían estancado -estancando con ellos a la ciencia económica durante el siguiente siglo- en la llamada paradoja del valor. Pensaron los llamados economistas clásicos anglosajones que era paradójico que los diamantes sean más valiosos que el agua (o los panes), lo cual sólo podía explicarse por el costo (y riesgos) de producción de aquellos. El ricardianismo fue el intento de volver “objetiva” –materialista en realidad– a la Economía mediante buscar una medida común para todas las actividades y productos en un territorio. Fue un esfuerzo tortuoso que a su vez Karl Marx aprovechó explícitamente -en sus escritos hallamos loas frontales a Ricardo- para explicar el valor de los bienes en términos de horas-hombre trabajadas. Desde luego de expresar todo en horas-hombre a concluir que cien obreros manuales aportan más valor que media docena de directivos hay un pequeño paso. Y así nace el marxismo. Es la idea de que los bienes son valiosos porque hay esfuerzos previos detrás y por tanto los esfuerzos -mientras más sudorosos mejor- deben premiarse en sí mismos.

Pero en 1871 la Economía da un giro copernicano y la aparente paradoja del valor se resuelve explicando que la propia pregunta estaba mal planteada. No tiene sentido preguntarnos por qué “los diamantes” son más valiosos que “el agua” o “los panes” porque ningún actor humano elige jamás entre categorías de bienes. Elige entre cantidades discretas o limitadas de ellos. En la inmensa mayoría de contextos, los galones de agua y los panes son más abundantes como unidades que los diamantes. No en medio del desierto por ejemplo, donde un hombre a punto de morir de sed cambiará muy razonablemente un diamante por agua que le salve la vida. El valor es un fenómeno contexto-dependiente, es decir subjetivo. Depende de un sujeto que valore el bien. Nada es un bien si no es entendido y útil como medio para los fines de un ser humano o grupo de ellos.

El pensamiento marginalista permitía entonces entender los fenómenos económicos como una negociación dinámica entre oferta y demanda, entre el productor que propone y el consumidor que dispone. Así podía entenderse -y desde la política, respetarse- el proceso de creación de riqueza que ha ido sacando a cada vez más seres humanos de la pobreza (y definamos pobreza como proximidad a la inanición) en que vivimos como especie durante al menos 2.000 siglos.

Pero desde luego el marxismo ignoró la revolución marginalista y tomó la receta marxista como diagnóstico y receta para crear sistemas políticos de planificación central de la sociedad. Y la economía es la sociedad. Los resultados fueron desastrosos: éxitos militares, espaciales y de ciencia pura, con una total negligencia, falta de creatividad y énfasis en la calidad de vida cotidiana de la gente. Incluso la industria pesada adolecía de gravísimos problemas de insuficiencia de insumos o productos pobremente terminados. La función empresarial no sólo estaba impedida sino que como ya se dijo  carecía de su herramienta principal: los precios, que permiten saber si cada proyecto terminado y bien producido valen la pena. Sólo comparando honestamente el total de costos de producción con el precio final en una economía abierta, es posible saber a cada paso si la sociedad está destruyendo, reponiendo o agregando riqueza con respecto al año pasado.

Heinz Dieterich propone el socialismo del siglo XXI

abn-12-09-2006-heinz_01[1]

Heinz Dieterich

Finalmente, con la caída del Muro del Berlín, buena parte de la izquierda política tiene que aceptar lo que le era teóricamente inconcebible: el sistema marxista no llevaba a abundancia alguna y el atraso respecto a economías mayormente libres era abismal. Buena parte de la izquierda se refugia en el ecologismo o ensaya toda clase de tesis altermundistas para simplemente rechazar de raíz la competencia que habían perdido. Pero el llamado Foro de Sao Paulo -encabezado por Castro, el movimiento obrero brasilero y algunas guerrillas regionales- no se daba por vencido. Buscaba una receta reformista y democrática para ensayar el socialismo en Latinoamérica. Aquí aparece Dieterich, profesor de la UNAM (México). Plantea que los mercados no son despreciables y que una economía funcional requiere de ellos. Sin embargo busca que el rol coordinador no lo tengan la propiedad y los precios sino el Estado diseñando propiedades y dando señalización para distintas áreas. Es decir algo así como el modelo asiático-autoritario de los 60’s y 70’s, pero con componentes públicos mucho más fuertes. Y además -y este es el meollo de su cuestionado aporte al debate económico- una restauración de la idea de calcular el valor en horas-hombre para así reconocer -según esta idea- el verdadero aporte de los trabajadores vis a vis el de los gerentes, capitalistas y prestamistas del sistema económico.

845ED2525[1]

Venezuela luego de una década y más de socialismo.

El problema es que el socialismo parcial sigue siendo un sistema de descoordinación social. Como señaló Murray Rothbard: si la planificación central es invitable, lo que existe en realidad es prohibición central. Esto trae cortoplacismo, baja calidad de vida, delincuencia (pues la inseguridad política, legal e institucional genera comportamientos poco pacíficos) y desesperanza.

La receta dieterichiana está condenada al fracaso aunque sea más lentamente. De ese esquema  no pueden surgir empresas ni proyectos realmente innovadores (en el sentido de originales) que el mundo o los vecinos quieran imitar.

Conclusión

La coordinación social requiere de millones de tratos libres coordinándose mediante instituciones (lenguaje, cortes, propiedad, etc) y el sistema de precios que refleje disponibilidades de recursos y prioridades de la población. Puede no gustarnos lo que la gente prefiere y decide elegir a cada paso. Pero los medios forzosos para diseñar lo que deben preferir y cómo deben organizarse suelen tener consecuencias no intencionadas y contraproducentes. Esto ya lo demostró el gran economista del siglo XX, Ludwig von Mises desde 1921. El socialismo del siglo XXI no puede ser una excepción: al enfatizar el rol del Estado no solamente introduce una cultura ciudadana asistencialista y una cultura política populista, sino que impide esencialmente el proceso de creación de empresas, proyectos y productos de alta calidad y valor agregado. Al contrario, la pobreza y la dependencia del Estado serán consecuencias inevitables. Es por eso que al retomar de ese modo la línea de Ricardo y Marx para intentar entender y dirigir una economía, un país quedará atrapado entre Dieterich y una mujer que nadie quiere desnudar.

Muchas veces me han preguntado cuáles son los libros que más me han impactado. Hacer una lista siempre es muy subjetivo y, creo yo, demasiado personal porque no todos compartimos los mismos gustos e intereses. De hecho, las lecturas que logran atraparme casi nunca coinciden con los escritores de moda o con los recomendados por la crítica especializada. Usualmente me llaman la atención la novela histórica y testimonial, pero si sólo tuviera que recomendar un libro, ese sería sin duda “El Sentido Común” de Thomas Paine.

"El Sentido común"

“El Sentido común”

Este, considero yo, es un libro que todo el mundo debería leer, el que todos los padres deberían regalar a sus hijos en cuanto estos empiezan a razonar. Aunque fue escrito hace más de dos siglos, nunca ha perdido su vigencia porque es una crítica a los gobiernos hereditarios y autoritarios.  Su mayor enseñanza es que todos nacemos libres e iguales y que no somos siervos ni vasallos de ningún rey, algo que aunque parezca raro, muy a menudo se nos olvida.

La historia de este libro es muy singular. Es más, ni siquiera es un libro, es un folleto, un panfleto que fue escrito en 1776 por un inmigrante inglés, dirigido a los habitantes de Las Trece Colonias americanas que luchaban por independizarse de la Gran Bretaña. En nuestros días es lo que nosotros llamaríamos un best seller, ya que en su primer año se vendieron más de 500.000 copias, curiosamente un gran porcentaje de ellas, no en América sino en Francia y Gran Bretaña. Dada su abrumadora acogida, no fueron suficientes sus primeras 25 ediciones por lo que era muy común encontrar resúmenes del folleto escritos a mano circulando por las colonias.

Las 13 colonias inglesas en 1776

Las 13 colonias inglesas en 1776

La importancia de este libro, radica en que fue el primer argumento razonado en favor de la Revolución Americana. Las ideas de Paine son tan contundentes que prácticamente de la noche a la mañana este folleto convenció a los colonos de que solo la independencia les aseguraría el goce de derecho de libertades.

“La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario.”

“Cuando el mundo fue invadido por la tiranía, la menor reforma se convertía en una gloriosa conquista. “

“Los gobiernos absolutos (a pesar de ser una desgracia para la naturaleza humana) tienen esa ventaja: que son simples; si el pueblo sufre, saben la causa del sufrimiento, conocen así mismo el remedio general, por eso no se molestan en proveer otras curas y remedios necesarios.”

Thomas Paine, nace en Thetford (Inglaterra), en el año 1737, hijo de un corsetero cuáquero y su mujer anglicana. Durante los primeros años, recibe escasa educación, aunque asiste a la escuela local hasta los 13 años, edad en la que comienza a ganarse la vida por su cuenta.

Trabajó en diversos oficios, sin mayor fortuna, desde hacer manufacturas textiles hasta perseguir contrabandistas. Su ilustración fue autónoma y singular, sin maestros, ni universidades.

Thomas Paine

Thomas Paine

Por casualidad conoció a Benjamín Franklin en Inglaterra, y este lo convenció de las oportunidades que podían surgir en una sociedad nueva como la norteamericana, para alguien con inquietudes como él, por lo que decide embarcarse en su aventura de ultramar, arribando a Filadelfia en 1774, cuando tenía poco más de cuarenta años.

Para salir adelante, y gracias a las recomendaciones del inventor del pararrayos, se establece como redactor exclusivo (aunque eso sí, con numerosos seudónimos), del Pennsylvania Magazine or American Museum, uno de los primeros periódicos de las colonias.

Thomas Paine, es quizás, el más grande teórico político que ha parido la humanidad. El creía firmemente que los colonos americanos tenían en sus manos la posibilidad de volver a empezar de nuevo la historia del mundo, sin necesidad de copiar los modelos de gobierno europeos de la época, modelos que, a la vista estaba, siempre se caracterizaron por ser tiránicos y corruptos.

Durante la guerra de independencia “1776-1783”, Paine se alisto como voluntario en el Ejercito Continental, combatiendo bajo las ordenes de George Washington.

Para cuando la guerra concluyó, Paine era el hombre más leído de Occidente, y seguía sin un penique. Siempre le pareció incorrecto cobrar derechos de autor que encareciesen el precio de los panfletos y entorpecieran así la difusión de su pensamiento.

En 1787, Paine regresó por un tiempo a Inglaterra. El propósito inicial era recaudar fondos para un puente en Pensilvania diseñado por él, pero el estallido de la Revolución Francesa le hizo sentirse profundamente implicado y fue a parís. En 1791 publico “Los Derechos del hombre”, obra en la que defendía la revolución europea, pero más que una férrea defensa, se trataba de un profundo análisis de las verdaderas raíces del descontento en Europa: los gobiernos arbitrarios, la pobreza, el analfabetismo y la guerra. El libro fue prohibido en Inglaterra porque era antimonárquico. De hecho, Thomas Paine estuvo a punto de ser detenido por sedicioso cuando viajaba hacia Francia, donde había sido elegido diputado en la Convención Nacional. Ahí, en cambio, fue encarcelado por Robesepierre en 1793, acusado de haber votado contra la ejecución del rey destronado Luis XVI.

Tras ser liberado se quedó en Francia hasta 1802, año en que retorno a América, luego de aceptar la invitación de regresar que le hizo el presidente Thomas Jefferson. Este admiraba a Paine, con el que había mantenido una estrecha relación cuando Jefferson fue embajador de los Estados Unidos en París.

Su regreso fue algo que lo decepcionó. Siguió escribiendo críticamente contra la doble moral puritana, contra los demócratas y contra la religión, lo que le hizo perder amigos y ganar enemigos. Murió en la ciudad de Nueva Cork, el 8 de Junio 1809. Sin duda fue un adelantado para su época.

El libro lo pueden leer aquí. A quienes no lo hayan hecho, les prometo un cambio de paradigmas, una nueva forma de entender las revoluciones y la historia.

Este fin de semana tiene lugar en Dessau, una ciudad a 120 kilómetros al sur de Berlín, la Trienal de la Modernidad. Ayer, el arquitecto Daniel Libeskind realizó una conferencia sobre la importancia de la Escuela Bauhaus en la actualidad. Al final del evento, el Ministro de Cultura del Estado Federado de Sajonia-Anhaltina perteneciente al Partido Socialdemócrata alemán preguntó “qué artistas destacados se debería invitar a Dessau”, a lo cual Libeskind respondió: “no es importante lo que viene de afuera, sino lo que se irradia desde el interior. Lo que una ciudad necesita son artistas creativos, escritores, pintores.” La ciudad de Dessau de 80.000 habitantes, así como toda la región están luchando por la supervivencia de su patrimonio cultural, especialmente sus teatros. El gobierno de una gran coalición entre el partido conservador y la socialdemocracia han planteado una drástica reducción del presupuesto para cultura. Algo similar sucedió en 1932, cuando se cerró la Escuela Bauhaus por iniciativa de las fuerzas de derecha y ultraderecha con el apoyo tácito de la socialdemocracia. También en ese entonces con el pretexto de una grave crisis financiera. La protesta va en aumento y esta noche junto a mi esposa participaremos en un concierto en el histórico escenario de la Escuela Bauhaus en Dessau que justamente hará referencia a la clausura en 1932. En el programa estarán presentes obras de los “artistas degenerados” Stefan Wolpe, Paul Hindemith, Kurt Weill y Erwin Schulhoff, así como del “anarquista” Georges Antheil.

“Si siguen estas traiciones y deslealtades (…) Si logra un grupo de personas muy desleales una mayoría en el bloque de Alianza País legalizar el aborto, yo inmediatamente presentaré mi renuncia al cargo” (Presidente Rafael Correa)

Horas de “debate”, mujeres que desnudaron su pecho y una moción que parecía marcar la historia de una sociedad patriarcal fueron pisoteados en cuestión de segundos por el “líder”. Un día como hoy, me levanté con la leve esperanza que la historia cambiaba, al menos para temas tan trascendentales como el aborto por violación, pero no fue así. Llegué a pensar que las asambleístas feministas como Rosana Alvarado o Paola Pabón no claudicarían ante presiones moralinas, sin embargo, una vez más “pequé” de inocente.

¿A quién se deben los asambleístas? ¿Se deben a sus electores o al líder de su movimiento político? Read More

A %d blogueros les gusta esto: