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Sociedad

La madrugada del 11 al 12 de abril de 1918 fue una noche de cuchillos largos en Moscú. Mil agentes de una desconocida agencia estatal irrumpieron en los domicilios de quinientos ciudadanos sospechosos de militar en organizaciones anarquistas. Se trataba de una agencia recién creada a la que llamaban Cheka y que dependía directamente del camarada Lenin. La redada se saldó con la detención de todos los sospechosos y la ejecución sumaria de un pequeño grupo en las dependencias que la organización acababa de estrenar en la plaza Lubianka, junto al Kremlin.

La Cheka era el tipo de organismo represor que Lenin venía buscando desde su ascenso al poder unos meses antes. Las soflamas de liberación se habían apagado tan pronto como los bolcheviques se adueñaron del Kremlin. Lejos de colmar las aspiraciones de los trabajadores rusos, la revolución encarnada en Lenin estaba tornándose muy impopular. Los comunistas ya no eran vistos como libertadores, sino como bestias vengativas y sedientas de sangre que robaban al proletario para después entregar el botín al Partido.

La creciente desafección hacia la camada bolchevique hacía temer lo peor. Pero Lenin no tenía ninguna intención de desalojar el poder que tanto tiempo y esfuerzo le había llevado conquistar. Nada menos que una vida entera dedicada a la conspiración política coronada por un inesperado éxito en las jornadas de octubre. Tras ellas, y con intención de mantener a raya a los díscolos, encargó a uno de sus lugartenientes, el aristócrata polaco Félix Dzerzhinski, que formase una milicia dedicada a vigilar de cerca y reprimir los conatos de disidencia que fuesen apareciendo mientras el Partido se acomodaba en Moscú.

Felix Dzerzhinski

Dzerzhinski creo una «estructura ligera, flexible, inmediatamente disponible, sin un juridicismo puntilloso, sin restricción para tratar, para golpear a los enemigos con el brazo armado de la dictadura del proletariado». La «estructura» se escondió tras un nombre tan de aquel momento que nadie sospechó nada raro: «Comité Militar Revolucionario de Petrogrado», se llamaba.

El Comité de Petrogrado era algo necesariamente temporal. Dos meses después de establecerse se vio superado por los acontecimientos. Sus setenta integrantes se quedaban cortos para atender los frentes de la contrarrevolución, que cada vez eran más numerosos e incontrolables. En diciembre Lenin llamó de nuevo a Dzerzhinski para encomendarle la creación de una «comisión especial» que luchase «con la mayor energía revolucionaria contra la huelga general de los funcionarios y determinara los métodos para suprimir el sabotaje». Comisión especial en ruso se dice «Chrezvychaynaya Komissiya», es decir, Che-Ka.

Lenin andaba obsesionado con la Revolución Francesa, a la que consideraba precedente y madre nutricia de la rusa. Quería encontrar un «Fouquier-Tinville que nos mantenga en jaque a toda la canalla contrarrevolucionaria», un «sólido jacobino revolucionario» que supiese estar a la altura de una empresa tan ambiciosa como la de demoler hasta los cimientos la contrarrevolución. Ese jacobino iba a ser, por méritos contrastados, el propio Dzerzhinski.

Escudo de la Cheka

A mediados de diciembre estaba ya todo decidido. La Cheka sería la espada del Partido, y así se hizo ver en el escudo de la organización, formado por una espada dorada de la que sobresalía, en relieve, la estrella de cinco puntas y el emblema de la hoz y el martillo. Trotsky anunció a los suyos que «en menos de un mes el terror va a adquirir formas muy violentas». La apelación a los jacobinos era continua. El comisario del Pueblo para la guerra, recordó que la pena ya no sería «la prisión, sino la guillotina, ese notable invento de la gran Revolución Francesa».

Días después Lenin en persona se dirigió a un soviet de obreros fabriles para advertirles de que la Revolución se defendería con uñas y dientes. «¡A menos que apliquemos el terror a los especuladores —una bala en la cabeza en el momento— no llegaremos a nada!», les dijo llevado por el enajenamiento revolucionario que se apoderaba de él durante los mítines. Dzerzhinski, por su parte, iba ultimando los detalles de la nueva agencia que tendría dos tareas fundamentales. La primera «suprimir y liquidar todo intento y acto contrarrevolucionario de sabotaje». La segunda «llevar a los saboteadores ante un tribunal revolucionario».

En marzo la Cheka quedó formalmente constituida. Estaba dividida en tres departamentos: información, organización y operación. Al principio sólo se le adjudicaron 400 funcionarios que pronto, en sólo tres meses, ya serían más de dos mil, a los que había que añadir un contingente de tropas especiales, militares debidamente entrenados en el contraespionaje que dependían directamente de la «Gran Casa», apodo que los chequistas pusieron al edificio de la plaza Lubianka.

Los efectivos de la Cheka aumentaron exponencialmente cuando la guerra civil se recrudeció en enero de 1919. Esta organización tenía una ventaja fundamental: operaba total y absolutamente al margen de cualquier ley o convención. Los disidentes y los soldados blancos la temían mucho más que al Ejército Rojo. Los chequistas practicaban la tortura sistemáticamente y reservaban muertes atroces para los detenidos. Aplicaban el manual completo de tormentos medievales: desollamiento, crucifixión, empalamiento, lapidación, horca… no había especialidad que los agentes de Dzerzhinski ignorasen.

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Para atemorizar a la población civil organizaban espeluznantes ejecuciones públicas en las que desplegaban gran creatividad homicida. En las provincias del norte solían desnudar a los presos y verter sobre ellos agua que, a 30 grados bajo cero, se congelaba rápidamente formando estatuas de hielo vivientes. En ocasiones colocaban un tubo en la boca de los reos y deslizaban una rata sobre él para que ésta, azuzada por un tizón que el verdugo ponía en el otro extremo del tubo, desgarrase la garganta de los condenados hasta provocarles una espantosa muerte.

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El fusilamiento era quizá el más benévolo de sus veredictos. Nadie estaba a salvo. Cualquiera mayor de ocho años era condenable al paredón. Las ejecuciones tenían que ser masivas y públicas para infundir un temor casi religioso entre los aldeanos. En aquella guerra sin cuartel iba a ser el miedo a una represalia siempre inhumana el mejor aliado de los bolcheviques. La prensa del régimen se hacía eco de las proezas que la Cheka iba perpetrando por Rusia en cuidadas historias de portada que ponían los pelos de punta a cualquiera.

A cualquiera menos al camarada Lenin, decidido a hacer de su invento la columna vertebral de la nueva Rusia socialista. En enero de 1920, coincidiendo con algunas de las masacres más pavorosas, se reunió con un soviet de líderes sindicales y les dijo con vehemencia: «No debemos dudar si fusilamos a miles de personas, y no dudaremos, y salvaremos el país».

Los excesos de la Cheka cruzaron las herméticas fronteras de Rusia y llegaron a Occidente. Pero la Revolución bolchevique tenía aún crédito ilimitado, nadie movió un dedo para denunciar la degollina sin cuento que estaba teniendo lugar en Rusia tras las bambalinas de la guerra civil. Dzerzhinski había cumplido. En 1922 la guerra terminó y, con ella, cualquier atisbo de disconformidad con los nuevos zares del imperio que, desde ese año, pasó a llamarse Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

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Había llegado la hora de convertir la «comisión especial» en algo más orgánico y propio de la nueva realidad posrevolucionaria. De la Cheka nació la OGPU, siglas en ruso de Directorio Político Unificado del Estado. La palabra —Cheka— y la profesión —chequista— se resistieron a morir. Los rusos siguieron conociendo a la temida policía política como la Cheka y hasta exportaron la idea (y el miedo) al extranjero, incluyendo la España republicana, donde el modelo soviético de policía política se aplicó con rectitud aterradora durante la guerra civil. Se desconoce cuántas víctimas ocasionó la Cheka original en sus cuatro años escasos de vida, pero las estimaciones más moderadas calculan que la cifra asciende a las 200.000 personas.

Dzerzhinski nunca hubiera podido imaginar que su macabro invento pudiese llegar tan lejos y convertirse en un instrumento tan eficazmente mortífero. Murió pocos años después de un infarto mientras pronunciaba un discurso. La URSS le supo agradecer los servicios prestados erigiendo una monumental estatua de 15 toneladas esculpida en hierro en la plaza Lubianka, delante de su verdadero hogar, la «Gran Casa», la de la Cheka (KGB).

Monumento a Dzerzhinski

Flashback a 1991, cuando la estatua de Felix Dzerzhinski fue tumbada.

La estatua fue derribada por los manifestantes de su pedestal, frente a la sede de la KGB en Lubyanka, Moscú, tras el fallido golpe de la línea dura comunista contra Mijail Gorbachov en 1991. El monumento de bronce ha languidecido desde entonces en un parque abandonado de la ciudad, junto a otras estatuas de Lenin, Stalin y Brezhnev.

Fuente: Historia Criminal del Comunismo, de Díaz Villanueva Fernando.

Imágenes de Internet.

El 22 de noviembre 1963 sucedió lo impensable: John F. Kennedy, el presidente más popular y carismático de los Estados Unidos era asesinado. Mientras el país aún estaba en shock y lloraba su muerte, la Reserva Federal ya tenía en marcha un plan para honrar su memoria. De hecho, se dice que los planes para acuñar una moneda con el perfil de Kennedy, comenzaron ese mismo día, a pocas horas de su muerte.

Reacción en las calles frente al asesinato de Kennedy, 22 de noviembre de 1963 © Wayne Miller / Magnum Photos

Reacción en las calles frente al asesinato de Kennedy, 22 de noviembre de 1963
© Wayne Miller / Magnum Photos

Para este homenaje fueron consideradas las monedas de 25 centavos, medio dólar y de un dólar. A la final se decidió que la más conveniente sería la de medio dólar. Se dio la orden de que los diseños previos fueran más como en plan conmemorativo, con la imagen del ex presidente en el anverso y el sello del águila presidencial en el reverso.

A pesar de todas las buenas intenciones, se les presentó un problema. De acuerdo a la Ley de Acuñación de Monedas que regía desde 1963, el diseño de una moneda debía estar en circulación por lo menos 25 años para ser cambiado. La moneda de medio dólar que se acuñaba en ese momento, era el medio dólar de Franklin, que estaba circulado desde apenas 15 años. Sería necesaria una legislación especial para aprobar la producción del medio dólar de Kennedy. El Congreso por supuesto aprobó esta legislación – la Ley de 30 de diciembre de 1963 – en sólo unas pocas semanas.

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Se acuñó una prueba de monedas de medio del dólar de Kennedy a inicios de 1964. Las primeras monedas que salieron de este primer molde original tenían lo que ahora se conoce como “los cabellos acentuados”, pero por alguna desconocida razón ese diseño fue modificado después de aquella primera producción.

Hay rumores de que a la ex primera dama, Jacqueline Kennedy, no le gustaba el diseño porque se veía un mechón de cabello pronunciado sobre la oreja, como despeinado. Otro motivo -más factible- puede haber sido para debilitar un poco el diseño y gastar menos metal (todavía era plata) en su producción. De cualquier forma, el medio dólar de Kennedy se hizo muy popular entre los coleccionistas y más que nada en el público en general. La demanda de los ejemplares de la primera prueba fue tan alta, que entre finales de enero y principios de febrero, todas las monedas acuñadas que fueron puestas en circulación desaparecieron.

A la izquierda un ejemplo de "los cabellos acentuados" de 1964

A la izquierda un ejemplo de “los cabellos acentuados” de 1964

Irónicamente, el medio dólar de Kennedy fue el que acabó con la circulación de las monedas de medio dólar. Fue inicialmente concebida para ser una moneda de normal circulación, pero este nuevo medio dolar fue acaparado por el público y era casi inexistente en transacciones. De hecho, hasta antes de 1964, la moneda de medio dólar fue un elemento clave del comercio americano diario y doméstico. Tan normal era su uso, que cada caja registradora era fabricada con su respectivo espacio para los medios dólares (ahora ya no), pero después del lanzamiento de la famosa moneda, el público conservó la mayor parte de la producción y se creó una escasez a nivel general.

Con temor a que repita eventualmente el mismo fenómeno, en 1965, la Reserva Federal decidió retirar de circulación todas las monedas de plata a excepción de los pocos Kennedy que aún circulaban, porque habían sido diseñados con un contenido de plata más bajo. El remedio fue peor que la enfermedad porque ahora fueron acaparadas por su alto contenido de plata todas las monedas de 50, 25 y 10 centavos diseñadas antes de 1965, creando una escasez aún mayor de circulante. En 1971, cuando la plata fue retirada completamente de todas las monedas de medio dólar, la demanda y el uso de las mismas disminuyó drásticamente.

Diseños de 0,50 cetvs. que circularon

Diseños de 0,50 cetvs. que circularon

El medio dólar de Kennedy de 1964 fue atesorado por casi todas las familias norteamericanas, pero aún así, sigue siendo una moneda de colección muy cotizada.

Algo muy curioso es que esa nueva crisis de circulante generó otro fenómeno: ahora es fácil encontrarlas a la venta de acuerdo a su cantidad de plata en la aleación. Una moneda de 1964 puede alcanzar precios de $ 1200 a $ 2800. Las que son escasas y por ende más cotizadas son las de la primera tanda de “los cabellos acentuados” que alcanzan precios de hasta $ 5000. Hay para todos los gustos, porque si eres un verdadero aficionado a la numismática y si tienes las posibilidades, puedes encontrar verdaderas joyas del 64 a las que se les pule y les dan un tratamiento especial de esmerilado llamado Ultra Cameo –como a ésta-, que fácil te cuestan $12 000. Ahora, este tipo de negocio trajo de la mano a otros profesionales y revalorizó a los casi extintos expertos numismáticos, especialmente porque en los últimos años se han acuñado más tirajes de aquel diseño de prueba para satisfacer la demanda de los coleccionistas.

El féretro de Kennedy llegando a la Casa Blanca desde el Hospital Naval de Bethesda, 1963  © Cornell Capa C / Magnum Photos

El féretro de Kennedy llegando a la Casa Blanca desde el Hospital Naval de Bethesda, 1963
© Cornell Capa C / Magnum Photos

Esta moneda nació de la tristeza de una nación y se convirtió en un artículo de colección por motivos sentimentales. En los Estados Unidos todavía hay mucha gente que cree que si John F. Kennedy no hubiese sido asesinado ese día y lograba culminar su mandato como presidente, el mundo sería ahora un lugar totalmente diferente.

El medio dólar estadounidense prácticamente desapareció y dejó de ser una moneda de curso legal, de hecho, ya ninguna máquina expendedora o de teléfonos la acepta. Esto hizo que la moneda de 25 centavos, el quarter, sea la más utilizada en transacciones comerciales y domésticas.

Fuente: Sentado frente al mundo.

<<1 de cada 3 mujeres en el mundo han sido víctimas de violencia psicológica y/o sexual por parte de su pareja>> (OMS 2013).

Hace 15 años, la OMS indicaba que entre el 10% y 15% de las mujeres informaban que sus parejas las obligan a tener relaciones sexuales. Hoy en día esperaba otros datos, otra realidad que no sea igual o peor a la de hace más de una década.

Según varias estadísticas disponibles para 2013, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia. Eso sin mencionar que hay países en donde las cifras ascienden hasta el 70%, que en comparación con Ecuador, éste es uno de los países con índices altos en donde el 60.6% de mujeres han sido víctimas de violencia (INEC 2012).

En Australia, Canadá, Israel, Sudáfrica y Estados Unidos, entre el 40% y 70% de los asesinatos de mujeres corresponde a violencia en que el agresor es la pareja de la víctima. En datos generales (y aterradores), se ha reportado que el 38% de todos los asesinatos a mujeres en el mundo son cometidos por sus parejas.

Hay quienes aseguran que la violencia contra la mujer ha disminuido ya que las “culturas” han avanzado, sin embargo, hay datos que dicen lo contrario:

  • 64 millones de niñas en el mundo están casadas.
  • 140 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación/ablación genital femenina.
  • De las 20,9 millones de personas que son víctimas de trabajo forzoso, el 55% son niñas y mujeres.
  • El 98% de personas explotadas sexualmente son mujeres.
  • En la UE, hasta el 50% de mujeres sufren acoso sexual en su trabajo.
  • En Estados Unidos, el 83% de las niñas de 12 a 16 años ha experimentado acoso sexual en la escuela.

El año pasado el INEC presentó estadísticas aterradoras que desmitificaron la idea que la violencia sólo se daba en hogares marginales. La violencia contra la mujer en Ecuador se da en todos los estratos sociales y económicos sin importar siquiera el nivel de estudios. Para hacer un recuento de esos datos: 54 % de las mujeres en Ecuador sufre violencia psicológica, 38 % física, 35,3 % patrimonial y el 25 % de tipo sexual.

Par entender de mejor manera el panorama, les copio parte de la infografía que la OMS publicó hace unos meses:
Infografía de la OMS (2013)

Para ver la infografía completa, visitar este link http://goo.gl/fETRK1

@AndreMalquin

Los demócratas (desde Habermas, pasando por Hillary Clinton y Fukuyama entre una larga serie de propagandistas del democratismo) han sembrado la ilusión de que no tenemos más remedio que elegir entre la democracia de masas y la dictadura. Es decir, que si no elegimos todos por todos, la otra única posibilidad es que elija alguien por todos. En realidad hay, siempre hubo -y para al menos el 90% de asuntos de la vida humana es así como vivimos- una tercera y más pulcra alternativa: la libertad individual. La libertad individual se ejerce sobre el propio cuerpo, nuestras acciones con y desde dicho cuerpo, nuestros bienes propios y los bienes ajenos a los que tengamos acceso por invitación -es decir, mediante tratos libres.

En realidad el continuo es uno de Dictadura > Democracia > Sociedad Libre.Los sistemas politicos en esencia

En una Dictadura, un hombre o una cúpula deciden por todos (recordemos que el poder no es ni liderazgo ni influencia, en el mejor de los casos a estos dos últimos se les puede llama “soft power” con el léxico de la ciencia política). Es decir que deciden (no presiona, no inspiran, no sugieren: mandan) sobre los cuerpos y bienes de otros. La Democracia puede parecer una mejora sustancial, pero en realidad la Ley de Hierro de la Oligarquía (observación de Michels, sociólogo de izquierda, para más señas) nos indica que aunque las decisiones sean colectivas, su ejecución -y amplios poderes para ello- de todas maneras será irremediablemente asunto de una cúpula. Eso significa que el ropaje democrático es siempre útil para el Establishment político: le da legitimidad a cualquier acción arbitraria “porque nos lo hacemos a nosotros mismos”.

Esto es secundario en realidad, el principal problema de la democracia es que decidimos -imponemos- por los demás en temas ilegítimos. ¿Cómo saber qué es legítimo de votarse o delegarse mediante voto? Es bastante simple en realidad: todo lo que no permitiríamos a un vecino imponernos (decirnos qué comer o no, cómo vestirnos, qué pensar, si utilizar drogas para curarnos/placer/mejorarnos y cuáles, cuánto aportar a X o Y causa social/religiosa/ecológica) la suma de vecinos (- eso es la sociedad que tanto nos gusta idealizar: la suma de los vecinos geográficos- tampoco puede imponernos. La suma de vecinos no adquiere legitimidad para imponer que los vecinos individualmente no tiene sobre nosotros. La mayor parte del tiempo la democracia es una dictadura de las mayorías, directa (si es democracia directa) o indirecta (si hay centralización de poder territorialmente o en ciertos personajes). La democracia ha causado cortoplacismo (consumismo) cultural, países endeudados, tiranías y guerras para imponerla.

La Sociedad Libre (o Sociedad Abierta) en cambio se construye mediante el respeto máximo posible (y sobre el término posible hay un vigoroso y necesario debate entre localistas-autonomistas, republicano-liberales, minarquistas y anarcoliberales) a la autonomía del individuo. Se parte de la premisa de que podemos hacer cualquier cosa en nosotros y nuestros bienes que no invada o destruya la integridad física o bienes de terceros que no lo consienten.

Todos los sistemas políticos antiguos y contemporáneos han sido dictaduras, democracias o sociedades libres. Hay abundantes casos de cada uno de los tres en diversos grados y con inevitables resultados. Desde luego, pues todo país tiene ocasionales comportamientos mafioso-dictatoriales, democracias o asambleas comunales o grandes espacios de autonomía individual que se ven bajo amenaza de los dos primeros utilizando leyes e impuestos todo el tiempo. La próxima vez que alguien le diga que usted debe elegir entre dictadura y democracia, respóndale que no es necesario ni justo elegir entre dictadura individual o dictadura de las mayorías: es posible ir devolviendo autonomía a los individuos para trazar sus redes de cooperación personal y productiva según su propio ritmo y deseo.

Quizás es hora de atreverse a ver más allá de la democracia.

 

 

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El socialismo tiene un estupendo nombre para el marketing. Suena a social, humano, sensible y solidario. (En claro contraste, el capitalismo tiene nombre de finanzas, de lucro insensible, de frialdad).

Pero el socialismo no es nada de eso. O al menos, eso no describe los medios incluso si esos fueran los fines buscados por sus proponentes. El socialismo no es nada más y nada menos que la planificación central. Siendo el ser humano único en el reino animal por su capacidad racional a costa de los instintos, no tiene los medios y los fines dados como otros seres vivos. Otros seres vivos pueden sobrevivir instintivamente a las horas, días o semanas de nacimiento. El ser humano paga el don de la razón (su córtex prefrontal si nos ponemos rigurosos) con una marcada disminución de los instintos y una alta vulnerabilidad inicial. Es por ello que debe descubrir o aprender de otros los medios y fines para su supervivencia. Por eso el aprendizaje, la educación y la cultura juegan un rol tan crucial para el ser humano. Por eso las instituciones (prácticas comunes, reglas, constructos) juegan un rol tan crucial para el ser humano.

La sociedad y la coordinación de acciones

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La división del trabajo y el conocimiento.

La sociedad es la cooperación mutuamente beneficiosa ya no con los propios sino con los extraños. Como señaló F. A. Hayek los seres humanos nos movemos entre dos órdenes todo el tiempo: uno íntimo/personal y otro ampliado o social. En la sociedad ampliada el cómo cooperar, el qué podemos ofrecer a otros y obtener de otros mediante intercambios libres y qué hacer por nosotros mismos debe ser descubierto y replanteado a cada paso. Cambia el entorno, cambian las prioridades y acciones ajenas, cambia el conocimiento disponible. Las empresas (a diferencia de proyectos o iniciativas puntuales) son centros de acumulación y generación de conocimiento productivo en ese mismo sentido, dicho sea de paso.

¿Dónde entra el socialismo en todo esto?

Si la naturaleza humana es la de un ser que debe descubrir adaptativamente los medios y los fines para sus acciones, restringirle o diseñarle aquellos necesariamente traerá caos y descoordinación social. El socialismo es la imposición mediante la amenaza del uso de la fuerza física (eso son las leyes, decretos y mandatos coactivos gubernamentales) de los medios y por ende, la restricción de los fines posibles. F. A. Hayek cerraba su exposición de los dos órdenes diciendo que aplicar las reglas de uno de ambos órdenes (íntimo o ampliado) al otro, le destruiría irremediablemente.

La exposición hasta ahora ha sido epistemológica y sociológica. Pero la coordinación social tiene como herramientas sine qua non la propiedad privada y su fruto: el sistema de precios. Sin precios formados en los mercados, nadie sabe si está haciendo algo valioso para la sociedad en su conjunto. No hablo de actos de bondad o cooperación en la esfera inmediata. Sí de integrarse constructivamente como individuos y organizaciones (taxis) a la división del trabajo y el conocimiento que es la sociedad (cosmos).

Ricardo, Marx y el intento de teoría objetiva del valor

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Las ideas marxistas prescindían del entrepreneur.

David Ricardo fue el más insigne seguidor anglosajón de Adam Smith. Los anglosajones se habían estancado -estancando con ellos a la ciencia económica durante el siguiente siglo- en la llamada paradoja del valor. Pensaron los llamados economistas clásicos anglosajones que era paradójico que los diamantes sean más valiosos que el agua (o los panes), lo cual sólo podía explicarse por el costo (y riesgos) de producción de aquellos. El ricardianismo fue el intento de volver “objetiva” –materialista en realidad– a la Economía mediante buscar una medida común para todas las actividades y productos en un territorio. Fue un esfuerzo tortuoso que a su vez Karl Marx aprovechó explícitamente -en sus escritos hallamos loas frontales a Ricardo- para explicar el valor de los bienes en términos de horas-hombre trabajadas. Desde luego de expresar todo en horas-hombre a concluir que cien obreros manuales aportan más valor que media docena de directivos hay un pequeño paso. Y así nace el marxismo. Es la idea de que los bienes son valiosos porque hay esfuerzos previos detrás y por tanto los esfuerzos -mientras más sudorosos mejor- deben premiarse en sí mismos.

Pero en 1871 la Economía da un giro copernicano y la aparente paradoja del valor se resuelve explicando que la propia pregunta estaba mal planteada. No tiene sentido preguntarnos por qué “los diamantes” son más valiosos que “el agua” o “los panes” porque ningún actor humano elige jamás entre categorías de bienes. Elige entre cantidades discretas o limitadas de ellos. En la inmensa mayoría de contextos, los galones de agua y los panes son más abundantes como unidades que los diamantes. No en medio del desierto por ejemplo, donde un hombre a punto de morir de sed cambiará muy razonablemente un diamante por agua que le salve la vida. El valor es un fenómeno contexto-dependiente, es decir subjetivo. Depende de un sujeto que valore el bien. Nada es un bien si no es entendido y útil como medio para los fines de un ser humano o grupo de ellos.

El pensamiento marginalista permitía entonces entender los fenómenos económicos como una negociación dinámica entre oferta y demanda, entre el productor que propone y el consumidor que dispone. Así podía entenderse -y desde la política, respetarse- el proceso de creación de riqueza que ha ido sacando a cada vez más seres humanos de la pobreza (y definamos pobreza como proximidad a la inanición) en que vivimos como especie durante al menos 2.000 siglos.

Pero desde luego el marxismo ignoró la revolución marginalista y tomó la receta marxista como diagnóstico y receta para crear sistemas políticos de planificación central de la sociedad. Y la economía es la sociedad. Los resultados fueron desastrosos: éxitos militares, espaciales y de ciencia pura, con una total negligencia, falta de creatividad y énfasis en la calidad de vida cotidiana de la gente. Incluso la industria pesada adolecía de gravísimos problemas de insuficiencia de insumos o productos pobremente terminados. La función empresarial no sólo estaba impedida sino que como ya se dijo  carecía de su herramienta principal: los precios, que permiten saber si cada proyecto terminado y bien producido valen la pena. Sólo comparando honestamente el total de costos de producción con el precio final en una economía abierta, es posible saber a cada paso si la sociedad está destruyendo, reponiendo o agregando riqueza con respecto al año pasado.

Heinz Dieterich propone el socialismo del siglo XXI

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Heinz Dieterich

Finalmente, con la caída del Muro del Berlín, buena parte de la izquierda política tiene que aceptar lo que le era teóricamente inconcebible: el sistema marxista no llevaba a abundancia alguna y el atraso respecto a economías mayormente libres era abismal. Buena parte de la izquierda se refugia en el ecologismo o ensaya toda clase de tesis altermundistas para simplemente rechazar de raíz la competencia que habían perdido. Pero el llamado Foro de Sao Paulo -encabezado por Castro, el movimiento obrero brasilero y algunas guerrillas regionales- no se daba por vencido. Buscaba una receta reformista y democrática para ensayar el socialismo en Latinoamérica. Aquí aparece Dieterich, profesor de la UNAM (México). Plantea que los mercados no son despreciables y que una economía funcional requiere de ellos. Sin embargo busca que el rol coordinador no lo tengan la propiedad y los precios sino el Estado diseñando propiedades y dando señalización para distintas áreas. Es decir algo así como el modelo asiático-autoritario de los 60’s y 70’s, pero con componentes públicos mucho más fuertes. Y además -y este es el meollo de su cuestionado aporte al debate económico- una restauración de la idea de calcular el valor en horas-hombre para así reconocer -según esta idea- el verdadero aporte de los trabajadores vis a vis el de los gerentes, capitalistas y prestamistas del sistema económico.

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Venezuela luego de una década y más de socialismo.

El problema es que el socialismo parcial sigue siendo un sistema de descoordinación social. Como señaló Murray Rothbard: si la planificación central es invitable, lo que existe en realidad es prohibición central. Esto trae cortoplacismo, baja calidad de vida, delincuencia (pues la inseguridad política, legal e institucional genera comportamientos poco pacíficos) y desesperanza.

La receta dieterichiana está condenada al fracaso aunque sea más lentamente. De ese esquema  no pueden surgir empresas ni proyectos realmente innovadores (en el sentido de originales) que el mundo o los vecinos quieran imitar.

Conclusión

La coordinación social requiere de millones de tratos libres coordinándose mediante instituciones (lenguaje, cortes, propiedad, etc) y el sistema de precios que refleje disponibilidades de recursos y prioridades de la población. Puede no gustarnos lo que la gente prefiere y decide elegir a cada paso. Pero los medios forzosos para diseñar lo que deben preferir y cómo deben organizarse suelen tener consecuencias no intencionadas y contraproducentes. Esto ya lo demostró el gran economista del siglo XX, Ludwig von Mises desde 1921. El socialismo del siglo XXI no puede ser una excepción: al enfatizar el rol del Estado no solamente introduce una cultura ciudadana asistencialista y una cultura política populista, sino que impide esencialmente el proceso de creación de empresas, proyectos y productos de alta calidad y valor agregado. Al contrario, la pobreza y la dependencia del Estado serán consecuencias inevitables. Es por eso que al retomar de ese modo la línea de Ricardo y Marx para intentar entender y dirigir una economía, un país quedará atrapado entre Dieterich y una mujer que nadie quiere desnudar.

A ver mis estimados, no confundamos chicha con limonada, o como se dice en otras latitudes, la velocidad con el tocino. Si de tradiciones se trata, los ecuatorianos las tenemos, y bien arraigadas; de eso va el ritual social (y de origen religioso católico) de reunirnos a comer guaguas de pan y tomar colada morada, aunque ya muchos no vayamos de visita al cementerio el 2 de noviembre. El Halloween, aunque pervertido por el consumismo que todo lo toca, es una tradición también, importada, sí, pero de raíces antiquísimas, precristianas (celta irlandesa, para ser exacto). Esto tiene el contacto entre civilizaciones y culturas, hoy llamado globalización: nos llegan, y mandamos, usos y costumbres de todo lado. Si el chauvinismo parroquiano les hace blasfemar contra estas imposiciones extranjeras, háganme el favor de ser consecuentes y decirme desde qué año, para adelante y para atrás, son aceptables las influencias extranjeras, lo cual termina siendo, por supuesto, una imposición subjetiva: porque si tanto les quita el sueño una calabaza con dulces, empiecen a guardar el árbol de Navidad, dejarán las hamburguesas, las pizzas, las gorritas al revés y un larguísimo etcétera. Sí, aquí, sí hay tradiciones, pero también somos parte de un mundo cambiante, donde se entrecruzan y enriquecen las culturas respectivas. Así que con su permiso, tomaré mi colada morada y comeré mi guagua de pan disfrazado de Peter Pan si me da la gana.
Eso, por un lado. Pero si me piden que sufra por el escudo nacional, lo lamento. Una cosa es el amor al país, a sus tradiciones, y otra muy distinta es pedir fidelidad y buscar identidad en un símbolo del Estado. El 31 de octubre se recuerda que Eloy Alfaro firmó un decreto normando su diseño, nada más. Gracias, pero tengo cosas más importantes en las cuales basar mi identidad personal y colectiva. Cuando decida que me define como ecuatoriano una parroquiana obsesión con un decreto ejecutivo, aceptaré que el Estado es dueño de la identidad y de la historia. Y eso, eso no lo haré.
Dicho esto, ¿Qué mismo con el Jalowín? Contarán si se disfrazan, que nadie dejará de ser ecuatoriano por hacerlo.

Muchas veces me han preguntado cuáles son los libros que más me han impactado. Hacer una lista siempre es muy subjetivo y, creo yo, demasiado personal porque no todos compartimos los mismos gustos e intereses. De hecho, las lecturas que logran atraparme casi nunca coinciden con los escritores de moda o con los recomendados por la crítica especializada. Usualmente me llaman la atención la novela histórica y testimonial, pero si sólo tuviera que recomendar un libro, ese sería sin duda “El Sentido Común” de Thomas Paine.

"El Sentido común"

“El Sentido común”

Este, considero yo, es un libro que todo el mundo debería leer, el que todos los padres deberían regalar a sus hijos en cuanto estos empiezan a razonar. Aunque fue escrito hace más de dos siglos, nunca ha perdido su vigencia porque es una crítica a los gobiernos hereditarios y autoritarios.  Su mayor enseñanza es que todos nacemos libres e iguales y que no somos siervos ni vasallos de ningún rey, algo que aunque parezca raro, muy a menudo se nos olvida.

La historia de este libro es muy singular. Es más, ni siquiera es un libro, es un folleto, un panfleto que fue escrito en 1776 por un inmigrante inglés, dirigido a los habitantes de Las Trece Colonias americanas que luchaban por independizarse de la Gran Bretaña. En nuestros días es lo que nosotros llamaríamos un best seller, ya que en su primer año se vendieron más de 500.000 copias, curiosamente un gran porcentaje de ellas, no en América sino en Francia y Gran Bretaña. Dada su abrumadora acogida, no fueron suficientes sus primeras 25 ediciones por lo que era muy común encontrar resúmenes del folleto escritos a mano circulando por las colonias.

Las 13 colonias inglesas en 1776

Las 13 colonias inglesas en 1776

La importancia de este libro, radica en que fue el primer argumento razonado en favor de la Revolución Americana. Las ideas de Paine son tan contundentes que prácticamente de la noche a la mañana este folleto convenció a los colonos de que solo la independencia les aseguraría el goce de derecho de libertades.

“La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario.”

“Cuando el mundo fue invadido por la tiranía, la menor reforma se convertía en una gloriosa conquista. “

“Los gobiernos absolutos (a pesar de ser una desgracia para la naturaleza humana) tienen esa ventaja: que son simples; si el pueblo sufre, saben la causa del sufrimiento, conocen así mismo el remedio general, por eso no se molestan en proveer otras curas y remedios necesarios.”

Thomas Paine, nace en Thetford (Inglaterra), en el año 1737, hijo de un corsetero cuáquero y su mujer anglicana. Durante los primeros años, recibe escasa educación, aunque asiste a la escuela local hasta los 13 años, edad en la que comienza a ganarse la vida por su cuenta.

Trabajó en diversos oficios, sin mayor fortuna, desde hacer manufacturas textiles hasta perseguir contrabandistas. Su ilustración fue autónoma y singular, sin maestros, ni universidades.

Thomas Paine

Thomas Paine

Por casualidad conoció a Benjamín Franklin en Inglaterra, y este lo convenció de las oportunidades que podían surgir en una sociedad nueva como la norteamericana, para alguien con inquietudes como él, por lo que decide embarcarse en su aventura de ultramar, arribando a Filadelfia en 1774, cuando tenía poco más de cuarenta años.

Para salir adelante, y gracias a las recomendaciones del inventor del pararrayos, se establece como redactor exclusivo (aunque eso sí, con numerosos seudónimos), del Pennsylvania Magazine or American Museum, uno de los primeros periódicos de las colonias.

Thomas Paine, es quizás, el más grande teórico político que ha parido la humanidad. El creía firmemente que los colonos americanos tenían en sus manos la posibilidad de volver a empezar de nuevo la historia del mundo, sin necesidad de copiar los modelos de gobierno europeos de la época, modelos que, a la vista estaba, siempre se caracterizaron por ser tiránicos y corruptos.

Durante la guerra de independencia “1776-1783”, Paine se alisto como voluntario en el Ejercito Continental, combatiendo bajo las ordenes de George Washington.

Para cuando la guerra concluyó, Paine era el hombre más leído de Occidente, y seguía sin un penique. Siempre le pareció incorrecto cobrar derechos de autor que encareciesen el precio de los panfletos y entorpecieran así la difusión de su pensamiento.

En 1787, Paine regresó por un tiempo a Inglaterra. El propósito inicial era recaudar fondos para un puente en Pensilvania diseñado por él, pero el estallido de la Revolución Francesa le hizo sentirse profundamente implicado y fue a parís. En 1791 publico “Los Derechos del hombre”, obra en la que defendía la revolución europea, pero más que una férrea defensa, se trataba de un profundo análisis de las verdaderas raíces del descontento en Europa: los gobiernos arbitrarios, la pobreza, el analfabetismo y la guerra. El libro fue prohibido en Inglaterra porque era antimonárquico. De hecho, Thomas Paine estuvo a punto de ser detenido por sedicioso cuando viajaba hacia Francia, donde había sido elegido diputado en la Convención Nacional. Ahí, en cambio, fue encarcelado por Robesepierre en 1793, acusado de haber votado contra la ejecución del rey destronado Luis XVI.

Tras ser liberado se quedó en Francia hasta 1802, año en que retorno a América, luego de aceptar la invitación de regresar que le hizo el presidente Thomas Jefferson. Este admiraba a Paine, con el que había mantenido una estrecha relación cuando Jefferson fue embajador de los Estados Unidos en París.

Su regreso fue algo que lo decepcionó. Siguió escribiendo críticamente contra la doble moral puritana, contra los demócratas y contra la religión, lo que le hizo perder amigos y ganar enemigos. Murió en la ciudad de Nueva Cork, el 8 de Junio 1809. Sin duda fue un adelantado para su época.

El libro lo pueden leer aquí. A quienes no lo hayan hecho, les prometo un cambio de paradigmas, una nueva forma de entender las revoluciones y la historia.

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